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Éxodo 6.28-11.10

Éxodo :Introducción 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33 34 35 36 37 38 39 40

Llamamiento de Dios a Moisés y Aarón
28 El día en que el Señor habló a Moisés en Egipto, 29 le dijo:
–Yo soy el Señor. Dile al faraón, rey de Egipto, todo lo que voy a decirte.
30 Pero Moisés le contestó:
–Señor, yo soy muy torpe para hablar, así que, ¿cómo va a hacerme caso el faraón?
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Entonces el Señor dijo a Moisés:
–Mira, voy a permitir que actúes en mi lugar ante el faraón, y que tu hermano Aarón hable por ti.a Tú dirás a Aarón todo lo que yo te ordene; luego él hablará con el faraón para que deje salir de su país a los israelitas. Pero yo haré que el faraón se ponga terco,b y realizaré muchas señales y cosas asombrosas en Egipto.c El faraón no os hará caso, pero yo descargaré mi poder sobre Egipto, y con grandes actos de justicia sacaré de allí a mis ejércitos, es decir, a mi pueblo, los israelitas. Y cuando haya mostrado mi poder sobre Egipto, y haya sacado de allí a los israelitas, los egipcios sabrán que yo soy el Señor.
Moisés y Aarón lo hicieron todo tal como el Señor se lo había ordenado. Moisés tenía ochenta años, y Aarón ochenta y tres, cuando hablaron con el faraón.
El bastón de Aarón
El Señor dijo a Moisés y Aarón:
–Si el faraón os pide que hagáis un milagro, le dirás a Aarón que tome su bastón y lo arroje al suelo ante el faraón, para que se convierta en una serpiente.
10 Moisés y Aarón fueron a ver al faraón, e hicieron lo que el Señor había ordenado: Aarón arrojó su bastón al suelo delante del faraón y de sus funcionarios, y el bastón se convirtió en una serpiente. 11 El faraón, por su parte, mandó llamar a sus sabios y magos, los cuales, con sus artes mágicas, hicieron también lo mismo: 12 cada uno de ellos arrojó su bastón al suelo, y cada bastón se convirtió en una serpiente. Pero el bastón de Aarón se comió los bastones de los sabios y magos. 13 A pesar de eso, el faraón se puso terco y no les hizo caso, tal como el Señor lo había dicho.
La plaga de sangred
14 Después el Señor dijo a Moisés:
–El faraón se ha puesto terco y no quiere dejar salir a los israelitas. 15 Pero mañana temprano irás a verle, cuando baje al río. Espérale en la orilla y lleva contigo el bastón que se convirtió en serpiente. 16 Allí le dirás: ‘El Señor, el Dios de los hebreos, me ha enviado a decirte: Deja ir a mi pueblo, para que me adore en el desierto. Pero hasta ahora no has hecho caso. 17 Por tanto, el Señor ha dicho: Ahora vas a saber que yo soy el Señor. Cuando yo golpee el agua del río con este bastón que tengo en la mano, el agua se convertirá en sangre.e 18 Los peces morirán, y el río apestará tanto que los egipcios tendrán asco de beber de esa agua.’
19 Además el Señor dijo a Moisés:
–Dile a Aarón que tome su bastón y que extienda su brazo sobre los ríos, arroyos, lagunas y depósitos de agua de Egipto; sobre todo lo que tenga agua, para que se convierta en sangre. ¡Así habrá sangre hasta en los recipientes de madera y de piedra!
20 Moisés y Aarón hicieron lo que el Señor les había ordenado. Aarón levantó su bastón y golpeó el agua del río a la vista del faraón y de sus funcionarios, y toda el agua se convirtió en sangre.f 21 Los peces murieron, y el propio río apestaba tanto, que los egipcios no podían beber agua de él. ¡Había sangre por todo Egipto!
22 Pero los magos egipcios hicieron lo mismo por medio de sus artes mágicas, así que el faraón se puso terco y no hizo caso a Moisés y Aarón, tal como el Señor lo había dicho. 23 El faraón regresó a su palacio sin dar importancia a este asunto, 24 pero todos los egipcios tuvieron que hacer pozos en las orillas del río para sacar agua limpia, pues el agua del río no se podía beber.
La plaga de ranas
25 Siete días después de que el Señor golpeara el agua del río,
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a el Señor dijo a Moisés:
–Ve a ver al faraón y dile: ‘Así dice el Señor: Deja ir a mi pueblo, para que me adore. Porque si tú no lo dejas ir, yo castigaré con ranasb a todo tu país. El río hervirá de ranas, que saldrán y se meterán en tu palacio, en el lugar donde duermes, sobre tu cama, en las casas de tus funcionarios y de tu gente, en tus hornos y en donde amasan tu pan. Las ranas saltarán sobre ti, sobre tus funcionarios y sobre toda tu gente.’
El Señor dijo a Moisés:
–Dile a Aarón que extienda su bastón sobre los ríos, arroyos y lagunas, para que de allí salgan ranas y llenen el país de Egipto.
Aarón lo extendió sobre las aguas de Egipto, y todo el país se llenó de las ranas que salieron de ellas. Sin embargo, los magos hicieron lo mismo por medio de sus artes mágicas, y también trajeron ranas sobre el territorio egipcio. Entonces el faraón mandó llamar a Moisés y Aarón, y les dijo:
–Pedidle al Señor que nos quite las ranas a mí y a mi gente, y dejaré que la tuya vaya a ofrecer sacrificios al Señor.c
Moisés contestó al faraón:
–Dime cuándo quieres que yo le pida por ti, por tus funcionarios y por tu gente, para que las ranas se alejen de ti y de tu palacio, y se queden solo en el río.
10 –Mañana mismo –dijo el faraón.
Y Moisés contestó:
–Así se hará, para que sepas que no hay nadie como el Señor nuestro Dios. 11 Las ranas se irán de tu palacio y se quedarán solamente en el río. Ya no te molestarán ni a ti, ni a tus funcionarios, ni a tu gente.
12 Moisés y Aarón salieron del palacio del faraón. Después Moisés pidió al Señor que alejara las ranas que había enviado sobre el faraón. 13 El Señor hizo lo que Moisés le pedía, y murieron las ranas que había en casas, patios y campos. 14 La gente recogía las ranas muertas y las amontonaba, y por todas partes olía mal. 15 Sin embargo, en cuanto el faraón se vio libre de su problema, se puso terco y no hizo caso a Moisés y Aarón, tal como el Señor lo había dicho.
La plaga de mosquitos
16 El Señor dijo a Moisés:
–Dile a Aarón que extienda su bastón y que golpee con él el polvo de la tierra, para que se convierta en mosquitos en todo Egipto.
17 Así lo hicieron. Aarón extendió su bastón y golpeó el polvo del suelo, y todo el polvo de Egipto se convirtió en mosquitos que atacaban a hombres y animales. 18 Los magos trataron también de producir mosquitos por medio de sus artes mágicas, pero no pudieron. Mientras tanto, los mosquitos atacaban a hombres y animales. 19 Entonces los magos dijeron al faraón:
–¡Aquí está la mano de Dios!d
Pero el faraón se puso terco y no les hizo caso, tal como el Señor lo había dicho.
La plaga de tábanos
20 El Señor dijo a Moisés:
–El faraón va a ir mañana temprano al río, así que levántate de madrugada y ve a decirle: ‘Así ha dicho el Señor: Deja ir a mi pueblo, para que me adore. 21 Porque si no lo dejas ir, yo enviaré tábanose sobre ti, sobre tus funcionarios y tu gente, y sobre tus casas. Se llenarán de tábanos las casas de los egipcios, y hasta el suelo mismo. 22 Pero cuando eso suceda, haré una excepción con la región de Gosen, donde vive mi pueblo. Allí no habrá ni un solo tábano. Así sabrás que yo, el Señor, estoy en este país. 23 Haré distinciónf entre mi pueblo y el tuyo. Esto tendrá lugar mañana.’
24 Así lo hizo el Señor, y una espesa nube de tábanos invadió el palacio del faraón, las casas de sus funcionarios y todo el territorio egipcio. Los tábanos dejaron el país completamente arruinado.
25 Entonces el faraón mandó llamar a Moisés y Aarón, y les dijo:
–Id a ofrecer sacrificios a vuestro Dios, pero sin salir del país.
26 Moisés contestó:
–No estaría bien hacerlo así, porque los animales que ofrecemos al Señor nuestro Dios son sagrados para los egipcios. Si los egipcios nos vieran sacrificar los animales que ellos adoran,g estoy seguro de que nos matarían a pedradas. 27 Debemos ir al desierto, a tres días de camino, y ofrecer allí sacrificios al Señor nuestro Dios, tal como él nos lo ordene.
28 Entonces el faraón dijo:
–Os dejaré ir al desierto para que ofrezcáis sacrificios al Señor vuestro Dios, pero con la condición de que no os vayáis demasiado lejos. Y pedidle también por mí.
29 Moisés contestó:
–En cuanto yo salga de aquí, le pediré al Señor que mañana se alejen los tábanos de ti, de tus funcionarios y de tu pueblo, siempre y cuando no sigas engañándonos ni impidiendo que los israelitas vayan a ofrecer sacrificios al Señor.
30 En cuanto Moisés salió del palacio del faraón, oró al Señor, 31 y el Señor hizo lo que Moisés le pidió: los tábanos se alejaron del faraón, de sus funcionarios y de su gente. 32 Pero el faraón volvió a ponerse terco, y no dejó ir a los israelitas.
La plaga en el ganado
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Entonces el Señor dijo a Moisés:
–Ve a ver al faraón y dile: ‘Así dice el Señor, el Dios de los hebreos: Deja ir a mi pueblo, para que me adore. Si no lo dejas ir, sino que lo sigues deteniendo, el Señor descargará su poder sobre tus ganados que están en el campo, y habrá una peste muy grave. Morirán los caballos, los asnos, los camellos, las vacas y las ovejas. Pero el Señor hará distinción entre los ganados de Israel y los de Egipto, para que no muera ningún animal de los israelitas.’
Además el Señor puso un plazo, pues dijo:
–Yo haré esto mañana.
Al día siguiente, el Señor lo hizo. Todo el ganado egipcio murió, pero del ganado israelita no murió ni un solo animal. El faraón mandó a ver el ganado de Israel, y resultó que ningún animal había muerto. Sin embargo, se puso terco y no dejó ir a los israelitas.
La plaga de las llagas
Entonces el Señor dijo a Moisés y Aarón:
–Tomad puñados de ceniza de un horno, y que arroje Moisés la ceniza a lo alto, en presencia del faraón. La ceniza se convertirá en polvo y se extenderá por todo el país, produciendo llagas en todos los hombres y animales de Egipto.
10 Moisés y Aarón tomaron ceniza de un horno y fueron a ver al faraón. Y arrojó Moisés la ceniza a lo alto, y tanto hombres como animales quedaron cubiertos de llagas.a 11 Los magos no pudieron hacer frente a Moisés, porque ellos, como todos los egipcios, estaban cubiertos de llagas. 12 Pero el Señor hizo que el faraón se pusiera terco y que no hiciera caso a Moisés y Aarón, tal como el Señor le había dicho a Moisés.
La plaga del granizo
13 Entonces el Señor dijo a Moisés:
–Mañana levántate temprano y ve a decirle al faraón: ‘Así ha dicho el Señor, el Dios de los hebreos: Deja ir a mi pueblo, para que me adore; 14 porque esta vez voy a enviar todas mis plagas contra ti, y contra tus funcionarios y tu gente, para que sepas que no hay otro como yo en toda la tierra. 15 Yo podría haberte mostrado mi poder castigándote a ti y a tu pueblo con una plaga, y ya habrías desaparecido de la tierra; 16 pero te he dejado vivir para que veas mi poder y para darme a conocer en toda la tierra.b 17 A pesar de esto, tú sigues oponiéndote a mi pueblo y no lo dejas ir. 18 Pues bien, mañana a estas horas haré que caiga una fuerte granizada, como no ha caído otra igual en toda la historia de Egipto. 19 Así que manda poner en lugar seguro tu ganado y todo lo que tienes en el campo, porque el granizo, al caer, matará a todos los hombres y animales que estén al aire libre y no bajo techo.’
20 Algunos funcionarios del faraón tuvieron miedo de la advertencia del Señor, y pusieron a sus esclavos y animales bajo techo; 21 pero hubo otros que no la tomaron en serio, y los dejaron al aire libre. 22 Entonces el Señor dijo a Moisés:
–Levanta tu brazo hacia el cielo, para que en todo Egipto caiga granizo sobre hombres y animales, y sobre las plantas de los campos egipcios.
23 Moisés levantó su brazoc hacia el cielo, y el Señor envió truenos,d rayos y granizo sobre la tierra. Hizo que granizara en todo Egipto, 24 y el granizo y los rayose caían sin cesar. Jamás en toda la historia de Egipto había caído una granizada tan fuerte. 25 El granizo destrozó todo lo que había en el territorio egipcio: destruyó hombres y animales, y todas las plantas del campo, y desgajó además todos los árboles del país. 26 A pesar de eso, en la tierra de Gosen, donde vivían los israelitas, no cayó un solo granizo.
27 Entonces el faraón mandó llamar a Moisés y Aarón, y les dijo:
–Reconozco que he pecado. La culpa es mía y de mi pueblo, y no del Señor. 28 Demasiados truenos y granizo hemos tenido ya, así que no voy a deteneros más. Pedidle al Señor por nosotros, y yo os dejaré ir.
29 Moisés le contestó:
–Tan pronto como yo salga de la ciudad, levantaré mis manos en oración al Señor. Entonces dejará de granizar y no habrá más truenos, para que sepas que la tierra es del Señor. 30 Pero yo sé bien que ni tú ni tus funcionarios tenéis todavía temor de Dios el Señor.
31 Los sembrados de lino y de cebada quedaron destrozados, pues la cebada estaba ya en espiga, y el lino en flor. 32 Pero al trigo y al centeno no les pasó nada, porque brotan más tarde.
33 Cuando Moisés salió de la ciudad, después de haber estado con el faraón, levantó sus manos al Señor en oración. Inmediatamente dejó de granizar y de llover, y no hubo más truenos. 34 Pero en cuanto el faraón vio que ya no llovía, ni granizaba, ni había truenos, volvió a pecar. Y no sólo él se puso terco, sino también sus funcionarios. 35 El faraón se puso terco y no dejó ir a los israelitas, tal como el Señor lo había dicho antes por medio de Moisés.
La plaga de langostas
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El Señor dijo a Moisés:
–Ve a ver al faraón, pues yo he hecho que él y sus funcionarios se pongan tercos, para mostrarles las grandes maravillas que puedo hacer, y para que tú cuentes a tus hijos y nietos la forma en que me burlé de los egipcios y las grandes maravillas que hice entre ellos. Así sabréis que yo soy el Señor.
Moisés y Aarón fueron a ver al faraón y le dijeron:
–Así dice el Señor, el Dios de los hebreos: ‘¿Hasta cuándo te negarás a humillarte delante de mí? Deja ir a mi pueblo, para que me adore; porque si te sigues oponiendo a dejarlo ir, mañana haré que vengan langostas sobre tu país,a las cuales cubrirán la tierra en tal cantidad que no se podrá ver el suelo. Se comerán lo poco que haya quedado después del granizo, y se comerán también todos los árboles del campo. Llenarán tus palacios, las casas de tus funcionarios y las casas de todos los egipcios. ¡Será algo como nunca vieron tus padres ni tus abuelos desde sus días hasta los nuestros!’
Al terminar de hablar, Moisés dio media vuelta y salió del palacio del faraón. Entonces los funcionarios del faraón dijeron:
–¿Hasta cuándo nos va a causar problemas este hombre? Deje Su Majestad que esa gente vaya a adorar a su Dios, el Señor. ¿Todavía no se da cuenta Su Majestad de que Egipto está arruinado?
El faraón mandó llamar otra vez a Moisés y Aarón, y les dijo:
–Id a adorar al Señor vuestro Dios, pero antes decidme quiénes vais a ir.
Moisés contestó:
–Tenemos que ir con nuestros niños y ancianos, hijos e hijas, y con nuestras ovejas y vacas, pues para nosotros es una gran fiesta en honor del Señor.
10 Pero el faraón les dijo:
–¡Claramente se ven vuestras malas intenciones! ¿Cómo creéis que el Señor os va a acompañar, y que yo voy a dejar que os vayáis vosotros y vuestros niños? 11 Pues no va a ser así. Id vosotros, los hombres adultos, a adorar al Señor, ya que eso es lo que queréis.
Y el faraón ordenó que los echaran de su presencia. 12 Pero el Señor dijo a Moisés:
–Extiende tu brazo sobre Egipto, para que vengan las langostas y acaben con todas las plantas del país y con todo lo que quedó después del granizo.
13 Moisés extendió su brazo sobre Egipto, y el Señor hizo venir un viento del este que sopló sobre el país todo el día y toda la noche. Al día siguiente, el viento del este había traído las langostas, 14 que invadieron todo el país. Nunca antes hubo, ni habrá después, tantas langostas como aquel día,b 15 pues cubrieron la tierra en tal cantidad que no se podía ver el suelo, y se comieron todas las plantas y toda la fruta que había quedado en los árboles después del granizo. No quedó nada verde en ningún lugar de Egipto: ni en el campo ni en los árboles.
16 El faraón mandó llamar inmediatamente a Moisés y Aarón, y les dijo:
–He pecado contra el Señor vuestro Dios, y contra vosotros, 17 pero os ruego que tan solo esta vez perdonéis mi pecado, y que oréis por mí al Señor vuestro Dios, para que por lo menos aleje de mí esta plaga mortal.c
18 En cuanto Moisés salió del palacio del faraón, oró al Señor. 19 Entonces el Señor cambió el rumbo del viento, y lo convirtió en un fuerte viento del oeste que se llevó las langostas y las arrojó al mar Rojo. No quedó en todo Egipto una sola langosta. 20 Pero el Señor hizo que el faraón se pusiera terco y que no dejara ir a los israelitas.
La plaga de la oscuridad
21 Entonces el Señor dijo a Moisés:
–Extiende tu brazo hacia el cielo, para que en todo Egipto haya una oscuridad tan espesa que hasta se pueda tocar.
22 Moisés levantó su brazo hacia el cielo, y hubo una oscuridadd tan grande en todo Egipto 23 que, durante tres días, nadie podía ver a su vecino ni moverse de su lugar. En cambio, en todas las casas de los israelitas había luz.
24 Entonces el faraón mandó llamar a Moisés, y le dijo:
–Id a adorar al Señor, y llevaos también a vuestros hijos; pero dejad aquí vuestras ovejas y vuestras vacas.
25 Pero Moisés contestó:
–Al contrario, tú mismo nos vas a dar los animales que vamos a sacrificar y quemar en honor del Señor nuestro Dios.e 26 Además, nuestros ganados irán con nosotros. Ni un solo animal debe quedarse, porque tenemos que escoger algunos de ellos para rendir culto al Señor. Mientras no lleguemos allá, no sabremos qué vamos a necesitar para adorar al Señor.
27 Pero el Señor hizo que el faraón se pusiera terco y que no los dejara ir. 28 Además el faraón dijo a Moisés:
–Vete de aquí, y cuidado con venir a verme otra vez, porque el día que vuelvas a presentarte ante mí, morirás.
29 Moisés contestó:
–Bien lo has dicho: no volveré a verte.
11 Anuncio de la muerte de los primogénitosa
El Señor dijo a Moisés:
–Todavía voy a traer otra plaga sobre el faraón y los egipcios. Después de esto, el faraón no solo va a dejar que salgáis, sino que él mismo os echará de aquí. Pero ahora di a los israelitas, hombres y mujeres, que pidan a sus vecinos y vecinas objetos de oro y plata.b
El Señor hizo que los egipcios fueran muy amables con los israelitas. Además, los funcionarios del faraón consideraban a Moisés como un hombre extraordinario, y lo mismo pensaban todos en Egipto.
Moisés dijo al faraón:
–Así ha dicho el Señor: ‘A la medianoche pasaré por todo Egipto, y morirá el primogénito de cada familia egipcia, desde el primogénito del faraón que ocupa el trono, hasta el primogénito de la esclava que trabaja en el molino. También morirán todas las primeras crías de los animales. En todo Egipto habrá gritos de dolor, como nunca los ha habido ni los volverá a haber.’ Y para que sepáis que el Señor hace diferenciac entre egipcios e israelitas, ni siquiera ladrarán los perrosd a ningún hombre o animal de los israelitas. Entonces vendrán a verme todos estos funcionarios tuyos, y de rodillas me pedirán: ‘Marchaos tú y toda la gente que te sigue.’ Antes de eso, no me iré.
Y, muy enojado, Moisés salió de la presencia del faraón. Después el Señor dijo a Moisés:
–El faraón no os va a hacer caso, y así serán más las maravillas que yo haré en Egipto.
10 Moisés y Aarón hicieron todas estas maravillas delante del faraón, pero como el Señor había hecho que se pusiera terco, el faraón no dejó salir de Egipto a los israelitas.

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-ltima actualización del programa: 10/10/2016
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