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1 Reyes 2.1-3.28

1 Reyes :Introducción 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22

2 Últimas disposiciones de Davida
La muerte de David se acercaba por momentos, así que ordenó a su hijo Salomón: “Voy a emprender el último viaje, como todo el mundo. Ten valor y pórtate como un hombre.b Cumple las ordenanzas del Señor tu Dios, haciendo su voluntad y obedeciendo a sus leyes, mandamientos, decretos y mandatos, según están escritos en la ley de Moisés, para que prosperes en todo lo que hagas y dondequiera que vayas.c También para que el Señor confirme la promesa que me hizo:d que si mis hijos cuidaban su conducta y se comportaban delante de él con verdad, con todo su corazón y con toda su alma,e nunca faltaría en mi familia quien ocupara el trono de Israel.f
“Ahora bien, tú ya sabes lo que me hizo Joab, el hijo de Seruiá, es decir, lo que hizo con dos generales del ejército israelita: con Abner,g el hijo de Ner, y con Amasá,h el hijo de Jéter, a quienes mató en tiempo de paz para vengar la sangre derramada en la guerra, haciéndome responsable de ese asesinato.i Por lo tanto, actúa con inteligencia y no le dejes tener una muerte tranquila. En cuanto a los hijos de Barzilai, el de Galaad,j trátalos con bondad y hazles participar de tu mesa, pues ellos me protegieron cuando yo huía de tu hermano Absalón. Por otra parte, fíjate en que está contigo Simí, hijo de Guerá, el benjaminita de Bahurim. Él fue quien me lanzó una maldición terrible el día que yo iba hacia Mahanaim.k Después, sin embargo, salió a recibirme al río Jordán, y yo tuve que jurarle por el Señor que no lo mataríal . No le perdones. Eres inteligente y sabrás qué hacer con él. Pero procura que su muerte sea violenta.”
Muerte y sepultura de David
10 David murió, y fue enterrado con sus antepasados en la Ciudad de David.m 11 Fue rey de Israel durante cuarenta años, de los cuales reinó siete en Hebrón y treinta y tres en Jerusalén.n 12 Luego reinó Salomón en lugar de David, su padre,ñ y su reinado fue muy estable.
Fin de Adonías y sus partidarios
13 Adonías, el hijo de Haguit, fue a ver a Betsabé, la madre de Salomón. Ella le preguntó:
–¿Vienes en son de paz?
–Sí –respondió él. 14 Y añadió–: Tengo algo que decirte.
–Dime –contestó ella.
15 –Tú sabes –dijo Adonías– que el reino me pertenecíao y que todo Israel estaba esperando que yo fuera rey. Pero el derecho a reinar se le concedió a mi hermano, porque ya el Señor había dispuesto que fuese para él. 16 Ahora solamente quiero pedirte un favor. No me lo niegues.
–Habla –respondió ella.
17 Él dijo:
–Te ruego que pidas al rey Salomón que me dé por esposa a Abisag la sunamita. Él no te lo negará.
18 –Está bien, yo hablaré al rey por ti –respondió Betsabé.
19 Así pues, Betsabé fue a hablar con el rey Salomón en favor de Adonías. El rey se levantó a recibir a su madre y se inclinó ante ella. Luego volvió a sentarse en su trono y ordenó que trajeran un sillón para su madre; entonces ella se sentó a su derecha, 20 y le dijo:
–Quiero pedirte un pequeño favor. Te ruego que no me lo niegues.
–Pídeme lo que quieras, madre mía –contestó el rey–, que no te lo negaré.
21 –Permite que Abisag la sunamita sea dada por esposa a tu hermano Adonías –dijo ella.
22 –¿Por qué me pides a Abisag, la sunamita, para Adonías? –respondió el rey a su madre–. ¡Solo falta que me pidas que le entregue el reino, porque es mi hermano mayor y porque tiene a su favor al sacerdote Abiatar y a Joab, el hijo de Seruiá!
23 Dicho esto, el rey Salomón juró por el Señor: “¡Que Dios me castigue con toda dureza, si esto que ha dicho Adonías no le cuesta la vida. 24 Juro por el Señor, que me ha colocado y confirmado en el trono de David mi padre y que me ha establecido una dinastía, que Adonías morirá hoy mismo!”
25 En seguida ordenó a Benaías, hijo de Joiadá que matara a Adonías, y él fue y lo mató.p 26 En cuanto al sacerdote Abiatar, el rey le ordenó: “¡Vete a Anatot,q a tus tierras! Mereces la muerte, pero no te mataré, porque has transportado el arca del Señor delante de David, mi padre,r y has sufrido las mismas penalidades que él.”s 27 De este modo, Salomón quitó a Abiatar del sacerdocio del Señor, y así se cumplió lo que el Señor había dicho en Siló en cuanto a la familia de Elí.t
28 Joab se había puesto de parte de Adonías, pero no de parte de Absalón; así que Joab, cuando le llegó esta noticia, huyó al santuario del Señor y se refugió en el altar.u 29 Pero informaron al rey Salomón de que Joab había huido al santuario del Señor, y que se había refugiado en el altar. Entonces Salomón mandó a Benaías, hijo de Joiadá, que fuera a matarlo, 30 y Benaías fue al santuario y dijo a Joab:
–El rey ordena que salgas.
Pero Joab contestó:
–¡No! ¡Aquí moriré!
Benaía fue al rey con la respuesta, y le contó lo que Joab le había respondido. 31 Entonces el rey contestó:
–Démosle gusto. Mátalo y entiérralo, y borra de la casa de mi padre, y de mí también, la culpa de los asesinatos cometidos por Joab. 32 El Señor hará recaer sobre él la culpa de su propia muerte, porque, sin saberlo mi padre, Joab acuchilló a dos hombres más honrados y mejores que él: a Abner, hijo de Ner, jefe del ejército israelita, y a Amasá, hijo de Jéter, jefe del ejército de Judá. 33 La culpa de su muerte recaerá sobre Joab y sobre su descendencia para siempre.v Por el contrario, la paz del Señor estará siempre con David y su descendencia, y con su dinastía y su trono.w
34 Entonces Benaías fue y mató a Joab. Y Joab fue enterrado en su casa, en el desierto. 35 Luego el rey puso a Benaías al mando del ejército en lugar de Joab, y al sacerdote Sadoc en lugar de Abiatar. 36 Después mandó llamar a Simí, y le ordenó:
–Constrúyete una casa en Jerusalén, para que vivas en ella. Pero no salgas de allí a ninguna parte, 37 porque el día que salgas y cruces el arroyo Cedrón, ten por seguro que morirás, y tú mismo tendrás la culpa.
38 Simí respondió al rey:
–Está bien. Haré lo que ha ordenado Su Majestad.
Simí vivió mucho tiempo en Jerusalén. 39 Pero tres años más tarde se escaparon dos esclavos suyos y se fueron a vivir con Aquís, hijo de Maacá, que era rey de Gat. Al enterarse Simí de que sus dos esclavos estaban en Gat, 40 se levantó, aparejó su asno y se fue a Gat, donde estaba Aquís, en busca de sus esclavos. Y cuando Simí regresaba de Gat con sus esclavos, 41 Salomón supo que Simí había ido de Jerusalén a Gat, y que ya venía de regreso. 42 Entonces mandó el rey llamar a Simí, y le dijo:
–¿No te hice jurar por el Señor, y te advertí, que el día que salieras a alguna parte, con toda seguridad morirías? ¿Acaso no me respondiste que estaba bien, y que me ibas a obedecer? 43 ¿Por qué no cumpliste tu juramento al Señor ni obedeciste lo que te mandé? 44 Tú sabes perfectamente el daño que hiciste a David, mi padre. Por eso el Señor ha hecho que el mal que hiciste se vuelva contra ti. 45 Pero el rey Salomón será bendecido y el trono de David quedará establecido para siempre delante del Señor.
46 Después el rey dio órdenes a Benaías, hijo de Joiadá, y él salió y mató a Simí. Así se afirmó el reino en manos de Salomón.
II. REINADO DE SALOMÓN (3–11)
3 Salomón se casa con la hija del faraóna
Salomón emparentó con el faraón, rey de Egipto, pues se casó con su hijab y la llevó a la Ciudad de Davidc mientras él terminaba de construir su palacio, el templo del Señor y la muralla alrededor de Jerusalén. La gente, sin embargo, ofrecía sus sacrificios en los lugares altosd de culto pagano, porque hasta entonces no se había construido un templo para el Señor.
Salomón pide a Dios sabiduría
Salomón amaba al Señor y cumplía las leyes establecidas por David, su padre, aun cuando él mismo ofrecía sacrificios e incienso en los lugares altos, e incluso iba a Gabaóne para ofrecer allí sacrificios, porque aquel era el lugar alto más importante;f y ofrecía en aquel lugar mil holocaustos.g
Una noche, en Gabaón, el Señor se apareció en sueñosh a Salomón y le dijo: “Pídeme lo que quieras, y yo te lo daré.”
Salomón respondió: “Tú trataste con gran bondad a mi padre, tu siervo David, pues él se condujo delante de ti con lealtad, justicia y rectitud de corazón para contigo. Por eso le trataste con tanta bondad y le concediste que un hijo suyo se sentara en su trono, como ahora ha sucedido.i Tú, Señor y Dios mío, me has puesto para que reine en lugar de David, mi padre, aunque yo soy un muchacho joven y sin experiencia.j Pero estoy al frente del pueblo que tú escogiste: un pueblo tan grande que, por su multitud, no puede contarse ni calcularse.k Dame, pues, un corazón atento para gobernar a tu pueblo y para distinguir entre lo bueno y lo malo; porque ¿quién hay capaz de gobernar a este pueblo tuyo tan numeroso?”l
10 Al Señor le agradó que Salomón le hiciera tal petición, 11 y le dijo: “Porque me has pedido esto y no una larga vida, ni riquezas, ni la muerte de tus enemigos, sino inteligencia para saber oir y gobernar, 12 voy a hacer lo que me has pedido: yo te concedo sabiduría e inteligenciam como nadie las ha tenido antes que tú ni las tendrá después de ti.n 13 Además te doy riquezas y esplendor, cosas que no pediste, de modo que en toda tu vida no haya otro rey como tú. 14 Y si haces mi voluntad, y cumples mis leyes y mandamientos, como lo hizo David, tu padre, te concederé una larga vida.”
15 Al despertar, Salomón se dio cuenta de que había sido un sueño. Y cuando llegó a Jerusalén, se presentó ante el arca del pacto del Señor y ofreció holocaustosñ y sacrificios de reconciliación.o Después dio un banquete a todos sus funcionarios.
Un sabio juicio de Salomón
16 Por aquel tiempo fueron a ver al rey dos prostitutas.p Cuando se hallaron en su presencia, 17 una de ellas dijo:
–¡Ay, Majestad! Esta mujer y yo vivimos en la misma casa, y yo di a luz estando ella conmigo en casa. 18 A los tres días de dar a luz, también dio a luz esta mujer. Estábamos las dos solas. No había ninguna persona extraña en casa con nosotras; solo estábamos nosotras dos. 19 Pero una noche murió el hijo de esta mujer, porque ella se acostó sobre él. 20 Entonces se levantó a medianoche, mientras yo estaba dormida, quitó de mi lado a mi hijo, lo acostó con ella y puso junto a mí a su hijo muerto. 21 Por la mañana, cuando me levanté para dar el pecho a mi hijo, vi que estaba muerto. Pero a la luz del día lo miré, y me di cuenta de que aquel no era el hijo que yo había dado a luz.
22 La otra mujer dijo:
–No, mi hijo es el que está vivo, y el tuyo es el muerto.
Pero la primera respondió:
–No, tu hijo es el muerto, y mi hijo el que está vivo.
Así estuvieron discutiendo delante del rey. 23 Entonces el rey se puso a pensar: “La una dice que su hijo es el que vive y que el muerto es de la otra, y la otra dice exactamente lo contrario” 24 Luego ordenó:
–¡Traedme una espada!
Cuando le llevaron la espada al rey, 25 ordenó:
–Partid en dos al niño vivo y dadle la mitad a cada una.
26 Pero la madre del niño vivo se angustió profundamente por su hijo, y suplicó al rey:
–¡Por favor! ¡No mate Su Majestad al niño! ¡Mejor es que se lo dé a esta mujer!
Pero la otra dijo:
–Ni para mí ni para ti. ¡Que lo partan!
27 Entonces intervino el rey y ordenó:
–Entregad a aquella mujer el niño vivo.q No lo matéis, porque ella es su verdadera madre.
28 Todo Israel se enteró de la sentencia con que el rey había resuelto el pleito, y sintieron respeto por él, porque vieron que Dios le había dado sabiduría para administrar justicia.r

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-ltima actualización del programa: 10/10/2016
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