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Génesis 39.1-41.57

Génesis :Introducción 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33 34 35 36 37 38 39 40 41 42 43 44 45 46 47 48 49 50

39 José y la esposa de Potifara
José fue llevado a Egipto, y un egipcio llamado Potifar lo compró a los ismaelitasb que le habían llevado allá. Potifar era funcionario del faraón y capitán de su guardia.c Pero el Señor estaba con José,d y le fue muy bien mientras vivía en la casa de su amo egipcio. Su amo comprendió que el Señor estaba con José, y que por eso a José le iba bien en todo. Esto hizo que José se ganara la simpatía de su amo, que le nombró su ayudante personal y mayordomo de su casa, y dejó a su cargo todo lo que tenía. Desde el día en que Potifar dejó a José al cargo de su casa y de todo lo suyo, el Señor bendijo a Potifar, tanto en su casa como en el campo. Con José al cuidado de todo lo que tenía, Potifar ya no se preocupaba más que de comer.
José era muy bien parecidoe y causaba buena impresión; así fue que al cabo de algún tiempo la esposa de su amo se fijó en él, y un día le dijo:
–Acuéstate conmigo.f
Pero José no quiso, y le contestó:
–Mira, mi amo ha dejado a mi cargo todo lo que posee, y estando yo aquí no tiene de qué preocuparse. En esta casa nadie es más que yo; mi amo no me ha negado nada, sino solo a ti misma, que eres su esposa; así que, ¿cómo podría yo hacer algo tan malo y pecar contra Dios?
10 Y aunque la mujer insistía todos los días en que José se acostara con ella y estuviera a su lado, él no le hacía caso. 11 Pero un día, cuando no había nadie más en la casa, José entró para hacer su trabajo. 12 Entonces ella le sujetó por la ropa y le dijo:
–Acuéstate conmigo.
Pero él salió corriendo, y dejó su ropa en las manos de ella. 13 Cuando ella vio que al salir había dejado la ropa en sus manos, 14 llamó a los siervos de la casa y les dijo:
–Mirad, mi esposo nos trajo un hebreog que ahora se burla de nosotros. Entró a verme y quería acostarse conmigo; pero yo grité muy fuerte, 15 y al oirme gritar con todas mis fuerzas salió corriendo, y hasta dejó aquí su ropa.
16 Luego guardó la ropa de José hasta que su amo llegó a la casa. 17 Entonces le contó lo mismo, diciendo:
–El esclavo hebreo que nos trajiste entró en mi cuarto y quiso deshonrarme, 18 pero cuando grité con todas mis fuerzas, salió corriendo y dejó su ropa aquí. 19 Así me trató tu esclavo.
La ira del amo de José se encendió al oir lo que su esposa le estaba contando, 20 así que tomó a José y ordenó que lo metieran en la cárcel, donde estaban los presos del rey. Pero, aun en la cárcel, 21 el Señor siguió estando con José y mostrándole su bondad, e hizo que se ganara la simpatía del jefe de la cárcel, 22 el cual dejó al cargo de José a todos los presos. José era quien daba las órdenes para todo lo que allí se hacía, 23 y el jefe de la cárcel no tenía que revisar nada de lo que había puesto a cargo de José, porque el Señor estaba con él y hacía que todo le saliera bien.
José, intérprete de sueños
40
Después de esto, el copero que servía el vino al rey de Egipto, y también el panadero, ofendieron a su amo el rey. Este, o sea el faraón,a se enojó con los dos funcionarios, el jefe de los coperos y el jefe de los panaderos, y los mandó presos a la casa del capitán de la guardia. Allí estaba la cárcel, donde también José se encontraba preso. El capitán de la guardia encargó a José que atendiera a aquellos funcionarios, los cuales pasaron mucho tiempo en la cárcel.
Una noche, ambos presos, el copero y el panadero, tuvieron un sueño, cada uno el suyo, y cada sueño con su propio significado.b Por la mañana, cuando José fue a verlos, los encontró muy preocupados; así que les preguntó:
–¿Por qué tenéis hoy tan mala cara?
–Hemos tenido un sueño, y no hay quien nos lo interprete –contestaron ellos.
–¿Acaso no es Dios quien da las interpretaciones?c –preguntó José–. Vamos, contadme lo que habéis soñado.
Entonces el jefe de los coperos contó su sueño a José con estas palabras:
–En mi sueño veía una vid 10 que tenía tres sarmientos. La vid retoñaba y echaba flor, y la flor se convertía en racimos de uvas maduras. 11 Yo tenía la copa del faraón en la mano, y tomaba las uvas y las exprimía en la copa. Luego, yo mismo ponía la copa en manos del faraón.
12 José le dijo:
–Tu sueño significa esto: los tres sarmientos son tres días, 13 y dentro de tres días el faraón revisará tu caso,d te pondrá de nuevo en tu trabajo y volverás a darle la copa al faraón, tal como antes hacías. 14 Cuando esto suceda, acuérdate de mí y, por favor, habla de mí al faraón para que me saque de este lugar. ¡Compadécete de mí! 15 A mí me raptaron de la tierra de los hebreos, y no merezco estar en la cárcel porque no he hecho nada malo.
16 Cuando el jefe de los panaderos vio que José había dado una interpretación favorable, le dijo:
–Por mi parte, yo soñé que tenía tres canastillos de pan blanco sobre mi cabeza. 17 En el canastillo de arriba había un gran surtido de pasteles para el faraón, pero las aves venían a comer del canastillo que estaba sobre mi cabeza.
18 Entonces José le contestó:
–Tu sueño significa esto: los tres canastillos son tres días, 19 y dentro de tres días el faraón revisará tu caso y hará que te cuelguen de un árbol, y las aves se comerán tu carne.
20 Al tercer día era el cumpleaños del faraón, y él hizo una gran fiesta para todos sus funcionarios. Delante de sus invitados, el faraón mandó sacar de la cárcele al jefe de los coperos y al jefe de los panaderos. 21 Al copero lo puso de nuevo en su trabajo, y él volvió a darle la copa al faraón, como antes; 22 pero al panadero lo mandó ahorcar, tal como José lo había interpretado. 23 Sin embargo, el copero no volvió a acordarse de José.
41 Los sueños del faraóna
Pasaron dos años. Un día, el faraón soñó que estaba de pie a orillas del río Nilo, y que del río subían siete vacasb hermosas y gordas que comían hierba entre los juncos. Detrás de ellas, siete vacas feas y flacas subieron del río y se pusieron en la orilla, cerca de las otras. Luego, estas vacas feas y flacas devoraron a las siete vacas hermosas y gordas.
El faraón se despertó, pero volvió a dormirse y tuvo otro sueño: vio que siete espigas de trigo, llenas y hermosas, crecían de un solo tallo. Detrás de ellas salieron otras siete espigas, secas y quemadas por el viento del este,c y estas espigas secas devoraron a las siete espigas gruesas y llenas.
El faraón se despertó, y se dio cuenta de que era un sueño. Pero al día siguiente por la mañana estaba muy preocupado, y ordenó que vinieran todos los adivinos y sabios de Egipto. El faraón les contó sus sueños, pero ninguno de ellos pudo explicarle qué significaban. Entonces el jefe de los coperos dijo al faraón:
–Ahora me acuerdo de lo mal que me he portado. 10 Cuando Su Majestad se enojó con el jefe de los panaderos y con este servidor de Su Majestad, nos mandó a los dos a la cárcel del capitán de la guardia. 11 Una noche, el jefe de los panaderos tuvo un sueño, y yo otro, y cada sueño tenía su propio significado. 12 En aquel lugar estaba con nosotros un joven hebreo, que era esclavo del capitán de la guardia. Le contamos nuestros sueños y él los interpretó, y nos dijo su significado. 13 ¡Y todo pasó tal como él nos lo había dicho! Yo volví de nuevo a mi trabajo, y el otro fue ahorcado.
14 Entonces el faraón mandó llamar a José, y lo sacaron inmediatamente de la cárcel. José se cortó el pelo, se cambió de ropa y se presentó ante el faraón. 15 Y el faraón le dijo:
–He tenido un sueño y no hay quien lo interprete; pero he sabido que tú, si oyes un sueño, lo puedes interpretar.
16 –Eso no depende de mí –contestó José–; pero Dios dará a Su Majestad una contestación favorable.
17 El faraón contó a José:
–En mi sueño, yo estaba de pie a la orilla del río Nilo, 18 y del río subieron siete vacas gordas y hermosas, que comían hierba entre los juncos. 19 Detrás de ellas subieron otras siete vacas, muy feas y flacas. ¡Jamás había visto yo vacas tan feas en todo Egipto! 20 Estas vacas flacas y feas devoraron a las primeras siete vacas gordas; 21 pero, aun después de haberlas devorado, nadie habría podido advertirlo, porque seguían tan flacas como antes.
“Me desperté, 22 y después tuve otro sueño, en el que siete espigas de trigo, llenas y hermosas, crecían de un mismo tallo. 23 Detrás de ellas crecían otras siete espigas, secas, delgadas y quemadas por el viento del este. 24 Y estas espigas secas devoraron a las siete espigas hermosas. Yo he contado esto a los adivinos, pero ninguno de ellos ha podido explicarme su significado."
25 Entonces José dijo al faraón:
–Los dos sueños que tuvo Su Majestad son uno solo. Dios ha anunciado a Su Majestad lo que él va a hacer. 26 Las siete vacas hermosas son siete años, lo mismo que las siete espigas hermosas. Es el mismo sueño. 27 Las siete vacas flacas y feas que subieron detrás de las otras, también son siete años; lo mismo que las siete espigas secas y quemadas por el viento del este. Significan siete años de escasez. 28 Es tal como yo he dicho: Dios ha anunciado a Su Majestad lo que él va a hacer. 29 Van a venir siete años de mucha abundancia en todo Egipto, 30 y después vendrán siete años de gran escasez. Nadie se acordará de la abundancia que hubo antes en Egipto, porque la escasez arruinará al país. 31 Será tan grande la escasez, que no quedarán señales de la abundancia que antes hubo. 32 Su Majestad tuvo el mismo sueño dos veces, porque Dios está decidido a hacer esto, y lo va a hacer muy pronto.
33 “Por lo tanto, sería bueno que Su Majestad buscara un hombre inteligente y sabio que se hiciera cargo del país. 34 Haga esto Su Majestad, y también nombre gobernadores que vayan por todo el país y recojan la quinta parte de todas las cosechas de Egipto, durante los siete años de abundancia. 35 Que junten todo el trigo de los buenos años que vienen y lo pongan en un lugar, bajo el control de Su Majestad, y que lo guarden en las ciudades para alimentar a la gente. 36 Así el trigo quedará preservado para el país, para que la gente no muera de hambre durante los siete años de escasez que habrá en Egipto."
José, gobernador de Egipto
37 El plan pareció bien al faraón y a sus funcionarios, 38 así que el faraón les dijo:
–¿Podremos encontrar otro hombre como este, que tenga el espíritu de Dios?d
39 Y a José le dijo:
–No hay nadie más inteligente y sabio que tú, pues Dios te ha hecho saber todo esto. 40 Tú te harás cargo de mi palacio, y todo mi pueblo obedecerá tus órdenes. Solamente yo seré más que tú, porque soy el rey.e 41 Mira, yo te nombro gobernador de todo el país de Egipto.
Al decir esto, 42 el faraón se quitó de la mano el anillo que tenía su sello oficial y se lo puso a José. Luego ordenó que le vistieran con ropas de lino muy fino y que le pusieran un collar de oro en el cuello. 43 Después le hizo subir en el carro que siempre iba detrás del suyo, y ordenó que gritaran delante de él: “¡Abrid paso!”f Así fue como José quedó al frente de todo el país de Egipto.
44 Luego el faraón le dijo:
–Aunque yo soy el faraón, nadie en todo Egipto moverá un dedo sin tu permiso.
45 El faraón puso a José el nombre egipcio de Safenat-panéah,g y lo casó con Asenat, la hija de Potifera, sacerdote de la ciudad de On.h Así quedó José al frente de Egipto. 46 José tenía treinta años cuando lo llevaron ante el faraón, el rey de Egipto.
José se despidió del faraón y comenzó a viajar por todo Egipto. 47 La tierra produjo muchísimo durante los siete años de abundancia, 48 y José recogió todo el trigo que dio el país durante aquellos siete años; lo guardó en las ciudades, dejando en cada ciudad el trigo recogido en los campos vecinos. 49 José recogió trigo como si fuera arena del mar. Era tanto el trigo, que dejó de medirlo, pues no se podía llevar la cuenta.
50 Antes de que empezaran los años de escasez, José tuvo dos hijos con su esposa Asenat. 51 Al primogénito lo llamó Manasés, porque dijo: “Dios me ha hecho olvidar todos mis sufrimientos y a todos mis parientes.” 52 Al segundo lo llamó Efraín, porque dijo:i “Dios me ha hecho tener hijos en el país donde he sufrido.”
53 Pasaron los siete años de abundancia que hubo en Egipto, 54 y comenzaron los siete años de escasez, tal como José lo había dicho. Hubo hambre en todos los países, menos en Egipto, pues allí había qué comer. 55 Y cuando los habitantes de Egipto comenzaron a tener hambre, fueron a pedir trigo al faraón. Entonces el faraón dijo a todos los egipcios: “Id a ver a José y haced lo que él os diga.”
56 Cuando el hambre se extendió por todo el país, José abrió todos los graneros donde había trigo, para vendérselo a los egipcios, pues el hambre era cada vez peor. 57 Y venían de todos los países a Egipto a comprar trigo a José, pues en ningún país había qué comer.

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-ltima actualización del programa: 10/10/2016
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