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Hechos 16.1-20.38

Hechos :Introducción 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28

Timoteo, compañero de Pablo y Silas
16
Pablo llegó a Derbe y Listra,a donde había un creyente llamado Timoteo, hijo de una mujer judía creyente y de padre griego.b Los hermanos de Listra y de Iconio hablaban bien de él. Pablo quiso que Timoteo le acompañase, pero antes le hizo circuncidar para que no se ofendieran los judíos que vivían en aquellos lugares, ya que todos sabían que el padre de Timoteo era griego.c En todos los pueblosd por donde pasaban, comunicaban a los hermanos las instruccionese dadas por los apóstoles y los ancianos de la iglesia de Jerusalén, y les recomendaban que las guardasen. Así que las iglesias se afirmaban en la fe y el número de creyentes aumentaba de día en día.
Una visión de Pablof
Como el Espíritu Santo no les permitió anunciar el mensaje en la provincia de Asia, atravesaron la región de Frigia y Galacia, y llegaron a la frontera de Misia. Desde allí pensaban entrar en la región de Bitinia, pero el Espíritu de Jesúsg tampoco se lo permitió. Así que, pasando de largo por Misia, bajaron hasta el puerto de Tróade.h Aquí Pablo tuvo de noche una visión: vio a un hombre de la región de Macedonia que, puesto en pie, le rogaba: “Pasa a Macedonia y ayúdanos.”
10 Inmediatamente después de haber tenido Pablo aquella visión preparamosi el viaje a Macedonia, seguros de que Dios nos estaba llamando para anunciar allí las buenas noticias.
La predicación en Filipos
11 Nos embarcamos, pues, en Tróade y fuimos directamente a la isla de Samotracia, y al día siguiente navegamos a Neápolis.j 12 Después nos dirigimos a Filipos, que es una colonia romanak y la ciudad más importante de aquella parte de Macedonia; y allí nos quedamos varios días. 13 Un sábado, pensando que en las afueras de la ciudad, junto al río, tendrían los judíos un lugar de oración,l fuimos allá; y nos sentamos y hablamos del evangelio a las mujeres que se habían reunido. 14 Una de ellas se llamaba Lidia; procedía de la ciudad de Tiatira y era vendedora de telas finas de púrpura.m A esta mujer, que adoraba a Dios,n el Señor la movió a poner toda su atención en lo que Pablo decía. 15 Fue bautizada junto con toda su familia,ñ y después nos rogó:
–Si pensáis que de veras soy creyente en el Señor, venid a alojaros en mi casa.
Y nos obligó a quedarnos.
16 Una día, cuando íbamos al lugar de oración, salió a nuestro encuentro una muchacha poseída por un espíritu de adivinación.o Era una esclava, que con sus adivinaciones daba a ganar mucho dinero a sus amos.p 17 Aquella muchacha comenzó a seguirnos a Pablo y a nosotros, gritando:
–¡Estos hombres son servidores del Dios altísimoq y os anuncian el camino de salvación!r
18 Así lo hizo durante muchos días, hasta que Pablo, ya molesto, terminó por volverse y decir al espíritu que la poseía:
–¡En el nombre de Jesucristo te ordeno que salgas de ella!
En aquel mismo momento, el espíritu la dejó.
19 Pero los amos de la muchacha, viendo perdidas sus esperanzas de seguir ganando dinero con ella, cogieron a Pablo y a Silas y los llevaron ante las autoridades, a la plaza principal. 20 Los presentaron a los jueces, diciendo:
–Estos judíos están alborotando nuestra ciudad 21 y enseñan costumbres que nosotros no podemos admitir ni practicar, porque somos romanos.
22 Entonces la gente se levantó contra ellos, y los jueces ordenaron que les quitaran la ropa y los azotaran con varas. 23 Después de haberlos azotado mucho, los metieron en la cárcel y ordenaron al carcelero que los vigilase con el mayor cuidado. 24 Recibida esta orden, el carcelero los metió en el lugar más profundo de la cárcel y les sujetó los pies en el cepo.s
25 Alrededor de la medianoche, mientras Pablo y Silas oraban y cantaban himnos a Dios, y los demás presos les estaban escuchando, 26 hubo un repentino temblor de tierra, tan violento que sacudió los cimientos de la cárcel. Al momento se abrieron todas las puertas, y a todos los presos se les soltaron las cadenas.t 27 Con esto despertó el carcelero, que, al ver abiertas las puertas de la cárcel, sacó su espada para matarse, pensando que los presos habían huido. 28 Pero Pablo le gritó:
–¡No te hagas ningún daño, que todos estamos aquí!
29 Entonces el carcelero pidió una luz, entró corriendo y, temblando de miedo, se echó a los pies de Pablo y Silas. 30 Luego los sacó y les preguntó:
–Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo?
31 Ellos contestaron:
–Cree en el Señor Jesús y serás salvo tú y tu familia.u
32 Y hablaron del mensaje del Señor a él y a todos los de su casa. 33 A aquella misma hora de la noche, el carcelero les lavó las heridas, y luego él y toda su familia fueron bautizados. 34 Los llevó después a su casa y les dio de comer; y él y su familia estaban muy contentos por haber creído en Dios.
35 Por la mañana, los jueces mandaron unos guardias al carcelero con orden de poner en libertad a Pablo y Silas. 36 El carcelero dijo a Pablo:
–Los jueces me han ordenado que os suelte, así que ya podéis iros.
37 Pero Pablo dijo a los guardias:
–A nosotros, que siendo ciudadanos romanos nos han azotado públicamente sin habernos juzgado, y nos han metido en la cárcel, ¿quieren ahora ponernos a escondidas en libertad? ¡Pues no! ¡Que vengan ellos mismos a sacarnos!
38 Los guardias comunicaron estas palabras a los jueces, que se asustaron al oir que se trataba de ciudadanos romanos.v 39 Entonces fueron a disculparse ante Pablo y Silas, y los sacaron y les rogaron que se marcharan de la ciudad.w 40 Al salir de la cárcel, Pablo y Silas se dirigieron a casa de Lidia, y después de ver a los hermanos y animarlos,x se fueron de allí.
El alboroto de Tesalónica
17
En su viaje, Pablo y Silas pasaron por Anfípolis y Apolonia y llegaron a Tesalónica,a donde los judíos tenían una sinagoga. Pablo, conforme a su costumbre, acudió a la sinagoga, y cada sábado, durante tres semanas,b discutió con ellos. Basándose en las Escrituras, les explicaba que el Mesías tenía que morir, y que después había de resucitar de entre los muertos. Les decía:
–Este mismo Jesús que yo os anuncio, es el Mesías.c
Algunos de los judíos creyeron y se unieron a Pablo y Silas. También creyeron muchos griegos que adoraban a Dios,d y muchas mujeres distinguidas. Pero esto llenó de envidia a los judíos que no creían, quienes, habiendo reunido a unos malvados que andaban ociosos por la calle, alborotaron y perturbaron la ciudad. Llegaron a la casa de Jasóne buscando a Pablo y Silas, para sacarlos y entregarlos al pueblo;f y como allí no los encontraron, arrastraron a Jasón y a otros hermanos ante las autoridades de la ciudad, gritando:
–¡Estos hombres, que han trastornado el mundo entero, también han venido aquí! ¡Jasón los ha recibido en su casa! ¡Todos ellos están violando las leyes del césar, porque dicen que hay otro rey, que es Jesús!g
Al oir estas cosas, la gente y las autoridades se inquietaron. Pero Jasón y los demás dieron una fianza y fueron puestos en libertad.
La predicación en Berea
10 Llegada la noche, los hermanos hicieron salir sin demora a Pablo y Silas hacia Berea.h En cuanto llegaron se dirigieron a la sinagoga de los judíos. 11 Estos judíos, que eran de mejores sentimientos que los de Tesalónica, recibieron de buena gana el mensaje, y día tras día estudiaban las Escrituras para comprobar la verdad de lo que oían. 12 Muchos de ellos creyeron, y también creyeron muchos de los griegos, tanto mujeres distinguidas como hombres. 13 Pero cuando los judíos de Tesalónica se enteraron de que Pablo estaba anunciando el mensaje de Dios también en Berea, se fueron allá y alborotaron a la gente. 14 En seguida los hermanos hicieron salir a Pablo hacia la costa, en tanto que Silas y Timoteo se quedaban en Berea. 15 Los que acompañaban a Pablo fueron con él hasta la ciudad de Atenas, y luego regresaron con instrucciones de que Silas y Timoteo se reunieran con él lo antes posible.
Pablo en Atenas
16 Mientras Pablo esperaba a Silas y Timoteo en Atenas,i se sentía muy disgustado al ver que la ciudad estaba llena de ídolos. 17 Discutía en la sinagoga con los judíos y con otros que adoraban a Dios,j y discutía igualmente cada día en la plaza con los que allí se reunían. 18 También algunos filósofos de los epicúreos y de los estoicosk comenzaron a discutir con él. Unos decían:
–¿De qué habla ese charlatán?
Y otros:
–Parece que es propagandista de dioses extranjeros.
Decían esto porque Pablo les anunciaba la buena noticia acerca de Jesús y de la resurrección.l 19 Entonces le llevaron al Areópago,m el lugar donde acostumbraban a reunirse en consejo, y le preguntaron:
–¿Se puede saber qué nueva enseñanza es esta que nos traes? 20 Nos hablas de cosas extrañas y queremos saber qué significan.
21 Porque todos los atenienses, y también los extranjeros que vivían allí, solo se interesaban por oir y comentar las últimas novedades.
22 Pablo, levantándose en medio de ellos en el Areópago, dijo:
“Atenienses, por todo lo que estoy viendo, sois gente muy religiosa;n 23 porque mirando los lugares donde celebráis vuestros cultos, he encontrado un altar que tiene esta inscripción: ‘A un dios desconocido’. Pues bien, de ese Dios que vosotros adoráis sin conocerlo, es del que yo os hablo.ñ
24 “El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que hay en él, es Señor del cielo y de la tierra. No vive en templos construidos por los hombreso 25 ni necesita que nadie haga nada para él, pues él da a todos la vida, el aire y todo lo demás.p
26 “A partir de un solo hombreq hizo él todas las naciones, para que vivan en toda la tierra; y les ha señalado el tiempo y el lugar en que deben vivir,r 27 para que busquen a Dios, y quizá, como a tientas, puedan encontrarle,s aunque en verdad Dios no está lejos de cada uno de nosotros. 28 Porque en Dios vivimos, nos movemos y existimos; como también dijeron algunos de vuestros poetas: ‘Somos descendientes de Dios.’t 29 Siendo, pues, descendientes de Dios, no debemos pensar que Dios es como las imágenes de oro, plata o piedra que los hombres fabrican según su propia imaginación. 30 Dios, que pasó por alto aquellos tiempos de ignoranciau de la gente, ahora ordena a todos, en todas partes, que se conviertan a él. 31 Porque Dios ha fijado un día en el cual juzgará al mundo con justicia,v y lo hará por medio de un hombre que él escogiów y al que aprobó delante de todos resucitándolo de la muerte.”
32 Al oir aquello de la resurrección, unos se burlaron y otros dijeron:
–Ya te oiremos hablar de eso en otra ocasión.
33 Entonces Pablo los dejó. 34 Sin embargo, algunos le siguieron y creyeron. Entre ellos estaba Dionisio, que era miembro del Areópago, y también una mujer llamada Dámaris, y otros más.
Pablo en Corinto
18
Después de esto, Pablo salió de Atenas y se fue a Corinto.a Allí encontró a un judío llamado Áquila, natural de la región del Ponto.b Poco antes, Áquila y su esposa Priscilac habían llegado de Italia, de donde tuvieron que salir porque el emperador Claudio había ordenado que todos los judíos salieran de Roma.d Pablo fue a visitarlos, y como tenía el mismo oficio que ellos, que era hacer tiendas de campaña, se quedó a su lado para trabajar juntos.e Todos los sábados iba Pablo a la sinagoga, y trataba de convencer lo mismo a los judíos que a los no judíos.
Cuando Silas y Timoteo llegaron de Macedonia, Pablo se dedicó a anunciar el mensaje y a probar a los judíos que Jesús era el Mesías.f g Pero ellos se pusieron en contra suya, y le insultaron, por lo que Pablo se sacudió las ropas en señal de protesta y les dijo:
–Vosotros tenéis la culpa de vuestra propia perdición. Yo no me hago responsable. De hoy en adelante me dirigiré a los que no son judíos.h
Salió de allí y entró en casa de uno llamado Ticio Justo, que adoraba a Diosi y vivía al lado de la sinagoga. Crispo,j jefe de la sinagoga, junto con toda su familia, creyó en el Señor; y también muchos de Corinto, al oir el mensaje, creyeron y fueron bautizados. Una noche, el Señor dijo a Pablo en una visión: “No tengas miedo. Sigue anunciando el mensaje y no calles, 10 porque yo estoy contigo y nadie podrá hacerte daño, pues muchos de esta ciudad pertenecen a mi pueblo.”
11 Así que Pablo permaneció un año y medio en Corinto, enseñando entre ellos el mensaje de Dios.
12 Pero en el tiempo en que Galión era gobernador de Acaya,k los judíos se juntaron contra Pablo. Le llevaron al tribunal 13 y dijeron al gobernador:
–Este hombre anda convenciendo a la gente de que deben adorar a Dios en una forma que va contra la ley.
14 Pablo estaba a punto de hablar, cuando Galión dijo a los judíos:
–Si se tratara de algún delito o crimen grave, yo, por supuesto, me tomaría la molestia de oiros a vosotros los judíos; 15 pero como se trata de palabras, de nombres y de vuestra ley, arregladlo vosotros mismos. Yo no quiero meterme en esos asuntos.
16 Y los echó del tribunal. 17 Entonces agarraron todos a una a Sóstenes,l jefe de la sinagoga, y le golpearon allí mismo, delante del tribunal. Pero Galión no hacía el menor caso.m
Regreso de Pablo a Antioquía
18 Pablo se quedó aún bastantes días en Corinto. Después se despidió de los hermanos y se embarcó con Priscila y Áquila para ir a la región de Siria. En Cencreas,n antes de embarcar, se rapó la cabeza para cumplir una promesañ que había hecho. 19 Cuando llegaron a Éfeso,o Pablo, dejando a Priscila y Áquila, entró en la sinagoga para hablar con los judíos que se reunían allí. 20 Estos le rogaron que se quedara más tiempo, pero no quiso, 21 sino que se despidió diciendo:p
–Si Dios quiere, volveré otra vez a visitaros.
Después se embarcó y partió de Éfeso. 22 Pasando por Cesarea, llegó a Jerusalén para saludar a los de la iglesia, y de allí se dirigió a Antioquía.
5. Tercer viaje misionero de Pablo (18.23–20.38)q
Pablo recorre Galacia y Frigia
23 Al cabo de cierto tiempo salió de nuevo a recorrer uno por uno los lugares de Galacia y Frigia, animando a todos los creyentes.
Apolos predica en Éfeso
24 Por aquel entonces llegó a Éfeso un judío llamado Apolos,r natural de la ciudad de Alejandría.s Era muy elocuente y conocía muy bien las Escrituras. 25 Estaba instruido en el camino del Señor, y hablaba con gran entusiasmo enseñando con claridad acerca de Jesús, aunque sólo conocía el bautismo de Juan.t 26 Apolos se puso a hablar abiertamente en la sinagoga, y Priscila y Áquila, que le oyeron, le llevaron aparte y le explicaron con más exactitud el camino de Dios. 27 Cuando Apolos quiso pasar a la región de Acaya,u los hermanosv le dieron su apoyo, y escribieron una carta a los creyentes de aquella región para que le recibieran bien. Al llegar a Acaya ayudó mucho a los que, por la bondad de Dios, habían creído; 28 contradecía en público a los judíos con razones que ellos no podían rebatir, y basándose en las Escrituras demostraba que Jesús es el Mesías.w
Pablo en Éfeso
19
Mientras Apolos se hallaba en Corinto,a Pablo atravesó la región montañosab y llegó a Éfeso. Encontró allí a varios creyentes, a quienes preguntó:
–¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando os hicisteis creyentes?c
Ellos contestaron:
–Ni siquiera habíamos oído hablar del Espíritu Santo.
–Pues ¿qué bautismo recibisteis? –les preguntó Pablo.
Le respondieron:
–El bautismo de Juan.d
–Sí –les dijo Pablo–, Juan bautizaba a los que se convertían a Dios, pero les decía que creyeran en el que vendría después de él, es decir, en Jesús.e
Habiendo oído esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús; y cuando Pablo les impuso las manosf vino sobre ellos el Espíritu Santo, y hablaban en otras lenguasg y comunicaban mensajes proféticos. Eran en total como unos doce hombres.
Durante tres meses, Pablo estuvo acudiendo a la sinagoga, donde anunciaba el mensaje sin ningún temor, y hablaba y trataba de convencer a la gente acerca del reino de Dios. Pero como algunos se negaban tercamente a creer, y ante la gente hablaban mal del nuevo camino,h Pablo se apartó de ellos y llevó a los creyentes a la escuela de un tal Tirano. Allí hablaba todos los días,i 10 y así lo hizo durante dos años, de modo que cuantos vivían en la provincia de Asia, tanto judíos como no judíos, oyeron el mensaje del Señor.j 11 Y Dios hacía tan grandes milagros por medio de Pablo, 12 que hasta los pañuelos o las ropas que habían sido tocadas por su cuerpo eran llevadas a los enfermos, y estos se curaban de sus enfermedades y los espíritus malignos salían de ellos.k
13 Pero algunos judíos que andaban por las calles expulsando espíritus malignosl trataron de usar para ello el nombre del Señor Jesús. Decían a los espíritus: “¡En el nombre de Jesús, a quien Pablo anuncia, os ordeno que salgáis!”
14 Esto hacían los siete hijos de un judío llamado Esceva, que era un jefe de los sacerdotes.m 15 Pero en cierta ocasión les contestó el espíritu maligno:
–Conozco a Jesús y sé quién es Pablo, pero vosotros, ¿quiénes sois?
16 Al propio tiempo, el hombre que tenía el espíritu maligno se lanzó sobre ellos, y con gran fuerza los dominó a todos, maltratándolos con tanta violencia que huyeron de la casa desnudos y heridos. 17 Todos los que vivían en Éfeso, judíos y no judíos, se enteraron de lo ocurrido y se llenaron de temor. De esta manera crecía la fama del nombre de Jesús.
18 También muchos de los que creyeron llegaban confesando públicamente todo lo malo que antes habían hecho, 19 y muchos que habían practicado la brujería trajeron sus libros y los quemaron en presencia de todos. Calculado el valor de aquellos libros, resultó ser como de unas cincuenta mil monedas de plata.n 20 El mensaje del Señor iba así extendiéndose y demostrando su poder.
21 Pasado todo esto, Pablo decidió recorrer Macedonia y Acaya y continuar luego su viaje hasta Jerusalén. Y se decía a sí mismo que después de ir a Jerusalén tendría que ir también a Roma. 22 Envió entonces a Macedonia a dos de sus ayudantes, Timoteo y Erasto,ñ en tanto que él se quedaba por algún tiempo más en la provincia de Asia.
El alboroto de Éfeso
23 Por aquel tiempo, y a causa del nuevo camino,o hubo en Éfeso un gran alboroto 24 provocado por un platero llamado Demetrio. Este hombre fabricaba figuritas de plata que representaban el templo de la diosa Artemisa,p con lo que proporcionaba buenas ganancias a los que trabajaban con él. 25 Reunió, pues, a estos y a otros que trabajaban en oficios semejantes y les dijo: “Compañeros, todos sabéis que nuestro bienestar depende de este oficio. 26 Pero, como podéis ver y oir, ese tal Pablo anda por ahí diciendo que los dioses fabricados por los hombres no son dioses, y ha convencido a mucha gente, no solamente aquí en Éfeso sino en casi toda la provincia de Asia. 27 Esto es muy peligroso, porque nuestro negocio puede venirse abajo. Además, incluso el propio templo de la gran diosa Artemisa puede perder su prestigio, y entonces será despreciada la grandeza de esta diosa que se adora en toda la provincia de Asia y en el mundo entero.”
28 Al oir esto, los reunidos se llenaron de furor y gritaron:
“¡Viva la Artemisa de los efesios!”
29 Se produjo así una confusión en toda la ciudad. La gente se lanzó sobre Gayo y Aristarco, los dos hombres de Macedonia que acompañaban a Pablo, y los arrastraron hasta el teatro. 30 Pablo quería entrar allí para hablar a la gente, pero los creyentes no le dejaron. 31 También algunos amigos suyos de entre las autoridades de Asia le mandaron aviso de que no se metiera allí. 32 Entre tanto, en la reunión, unos gritaban una cosa y otros otra, pues la gente estaba alborotada, aunque la mayoría ni siquiera sabía para qué se habían reunido. 33 Pero algunos de ellos explicaron el asunto a Alejandro, a quien los judíos habían empujado al frente de todos. Alejandro hizo señas con la mano para pedir silencio y hablar en defensa de los judíos delante del pueblo: 34 pero al darse cuenta de que también él era judío, gritaron todos durante un par de horas: “¡Viva la Artemisa de los efesios!”
35 Cuando por fin el secretario de la ciudad logró calmar a la gente, dijo: “Ciudadanos de Éfeso, todo el mundo sabe que esta ciudad ha sido encargada de cuidar el templo de la gran diosa Artemisa, y la imagen de ella que cayó del cielo. 36 Nadie puede negar esto, así que calmaos y no hagáis nada sin pensarlo bien. 37 Porque estos hombres que habéis traído no han profanado el templo ni han hablado mal de nuestra diosa. 38 Si Demetrio y los que trabajan con él tienen alguna queja contra alguien, ahí están los jueces y los juzgados: que reclamen ante las autoridades y que cada cual defienda sus derechos. 39 Y si demandáis alguna otra cosa, trátese de ello en una asamblea legal. 40 Con esto que hoy ha sucedido corremos el peligro de ser acusados de agitadores, pues no hay razón que podamos alegar si se nos pregunta por la causa de este alboroto.”
41 Dicho esto, disolvió la asamblea.
20 Pablo recorre Macedonia y Greciaa
Calmado ya el alboroto, Pablo llamó a los creyentes para darles algunos consejos. Luego se despidió de ellos y se fue a Macedonia. Visitó todos aquellos lugares animando mucho con sus palabras a los hermanos, y después llegó a Grecia, donde se quedó tres meses.b Ya estaba a punto de embarcar para Siriac cuando tuvo conocimiento de que los judíos habían hecho planes contra él; así que decidió regresar por tierra pasando otra vez por Macedonia. Le acompañaron Sópatro, de Berea, hijo de Pirro; Aristarco y Segundo, de Tesalónica; Gayo, de Derbe; Timoteo, y también Tíquico y Trófimo que eran de la provincia de Asia.d Estos hermanos se adelantaron y nos esperarone en Tróade. Nosotros, pasados los días en que se come el pan sin levadura,f partimos de Filipos en barco y a los cinco días los alcanzamos en Tróade. Allí nos quedamos siete días.
Pablo en Tróade
El primer día de la semanag nos reunimos para partir el pan,h y Pablo estuvo hablando a los creyentes. Como tenía que salir al día siguiente, prolongó su discurso hasta la medianoche. Nos hallábamos reunidos en un cuarto del piso alto, donde había muchas lámparas encendidas. Un joven llamado Eutico estaba sentado en la ventana, y como Pablo habló durante largo rato, le entró sueño al muchacho, que al fin, profundamente dormido, cayó desde el tercer piso abajo. Cuando lo levantaron, estaba muerto. 10 Entonces bajó Pablo, se tendió sobre el muchacho y lo rodeó con los brazos. Y dijo a los hermanos:
–No os asustéis. Está vivo.i
11 Luego Pablo volvió a subir, partió el pan, comió y siguió hablando hasta el amanecer. Entonces se fue. 12 En cuanto al muchacho, se lo llevaron vivo, y esto les animó mucho.
De Tróade a Mileto
13 Nosotros nos adelantamos y fuimos en barco hasta Aso para recoger a Pablo, según se había convenido, porque él quiso ir por tierra.j 14 Nos encontramos, pues, con él en Aso, donde se embarcó con nosotros para ir a Mitilene.k 15 Salimos de aquí y al día siguiente pasamos frente a Quío,l llegando uno después al puerto de Samos. Viajamos un día más y llegamos a Mileto.m 16 Lo hicimos así porque Pablo, para no demorarse mucho en Asia, no quiso hacer escala en Éfeso, pues deseaba llegar pronto a Jerusalén y, a ser posible, estar allí el día de Pentecostés.n
Discurso de Pablo a los ancianos de Éfesoñ
17 Hallándose en Mileto, Pablo mandó llamar a los ancianos de la iglesia de Éfeso.o 18 Cuando llegaron, les dijo: “Vosotros sabéis cómo me he portado desde el primer día que vine a la provincia de Asia,p 19 cómo he estado entre vosotros sirviendo siempre al Señor con toda humildad, con muchas lágrimas y en medio de muchas pruebas que me vinieron por lo que querían hacerme los judíos. 20 Pero no dejé de anunciaros nada que pudiera seros provechoso, ni de enseñaros en público y en privado. 21 A judíos y a no judíos les he dicho que se conviertan a Dios y crean en nuestro Señor Jesús.q 22 Y ahora me dirijo a Jerusalén obligado por el Espíritu,r sin saber lo que allí me ha de suceder. 23 Lo único que sé es que, en todas las ciudades a donde voy, el Espíritu Santo me dice que me esperan la cárcel y muchos sufrimientos. 24 Para mí, sin embargo, mi propia vida no cuenta, con tal de que yo pueda correr con gozo hasta el fin de mi carreras y cumplir el encargo que el Señor Jesús me dio de anunciar la buena noticia del amor de Dios.
25 “Y ahora estoy seguro de que ninguno de vosotros, entre quienes he anunciado el reino de Dios, volverá a verme. 26 Por esto quiero deciros hoy que no me siento culpable respecto de vosotros, 27 porque os he anunciado todo el plan de Dios, sin ocultaros nada. 28 Por lo tanto, estad atentos y cuidad de toda la congregación sobre la que el Espíritu Santo os ha puesto como obispost para que cuidéis de la iglesia de Dios, la cual compró él con su propia sangre.u 29 Sé que cuando me vaya vendrán otros que, como lobos feroces, querrán acabar con la iglesia. 30 Aun entre vosotros mismos se levantarán algunos que enseñarán mentiras para que los creyentes los sigan.v 31 Estad alerta y recordad que durante tres añosw no dejé de aconsejar día y noche, con lágrimas, a cada uno de vosotros.
32 “Ahora, hermanos, os encomiendo a Dios y al mensaje de su amor. Él tiene poder para haceros crecer espiritualmente y para daros todo lo que ha prometido a su pueblo santo. 33 No he deseado para mí mismo ni el dinero ni las ropas de nadie.x 34 Por el contrario, bien sabéis que he trabajado con mis propias manos para conseguir lo necesario para mí y para los que estaban conmigo.y 35 Siempre os he enseñado que así se debe trabajar y ayudar a los que se encuentran en necesidad,z recordando aquellas palabras del Señor Jesús: ‘Hay más felicidad en dar que en recibir.’ ”a
36 Dicho esto, Pablo se puso de rodillas y oró junto con todos ellos. 37 Todos, llorando, abrazaron y besaron a Pablo. 38 Se sentían muy tristes porque les había dicho que no volverían a verle. Luego le acompañaron hasta el barco.

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-ltima actualización del programa: 10/10/2016
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