Sociedad Bíblica

Antiguo Testamento
Génesis
Éxodo
Levítico
Números
Deuteronomio
Josué
Jueces
Rut
1 Samuel
2 Samuel
1 Reyes
2 Reyes
1 Crónicas
2 Crónicas
Esdras
Nehemías
Ester
Job
Salmos
Proverbios
Eclesiastés
Cantar de los Cantares
Isaías
Jeremías
Lamentaciones
Ezequiel
Daniel
Oseas
Joel
Amós
Abdías
Jonás
Miqueas
Nahúm
Habacuc
Sofonías
Hageo
Zecarías
Malaquías
Libros Deuterocanónicos
Tobit
Judit
Ester (dc)
1 Macabeos
2 Macabeos
Eclesiástico
Sabiduría
Baruc
Daniel (dc)
Nuevo Testamento
Mateo
Marcos
Lucas
Juan
Hechos
Romanos
1 Corintios
2 Corintios
Gálatas
Efesios
Filipenses
Colosenses
1 Tesalonicenses
2 Tesalonicenses
1 Timoteo
2 Timoteo
Tito
Filemón
Hebreos
Santiago
1 Pedro
2 Pedro
1 Juan
2 Juan
3 Juan
Judas
Apocalipsis


BIBLIJA.net   - La Biblia en Internet
Buscar Referencia     Buscar palabra
Pasaje:   

Menú compacto
Versiones:  DHH  DHHn  RVR95  RVR95n Elija entre todas las versiones   Acerca de las versiones Ayuda
Idioma

Hechos 25.1-28.31

Hechos :Introducción 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28

Pablo ante el gobernador Festo
25
Festo llegó para ocupar su puesto de gobernador,a y tres días después se dirigió de Cesarea a Jerusalén.b Allí los sacerdotes y los judíos más importantes le presentaron una demanda contra Pablo. Le pidieron, como favor especial, que ordenase el traslado de Pablo a Jerusalén. El plan de ellos era hacer que lo mataran en el camino;c pero Festo contestó que Pablo estaba preso en Cesarea y que él mismo pensaba ir allá dentro de poco. Les dijo:
–Por eso, vuestras autoridades deben ir conmigo a Cesarea, y si ese hombre ha cometido algún delito, allí podrán acusarle.
Festo permaneció en Jerusalén ocho o diez días más, y luego regresó a Cesarea. Al día siguiente ocupó su asiento en el tribunal y ordenó que le llevaran a Pablo. Cuando Pablo entró, los judíos llegados de Jerusalén se acercaron y le acusaron de muchas cosas graves, aunque no pudieron probar ninguna de ellas.d Pablo, a su vez, dijo en su defensa:
–Yo no he cometido ningún delito, ni contra la ley de los judíos ni contra el templo ni contra el césar.
Pero como Festo quería quedar bien con los judíos, preguntó a Pablo:
–¿Quieres ir a Jerusalén para que yo juzgue allí tu caso?
10 Pablo contestó:
–Estoy ante el tribunal del césar, que es donde debo ser juzgado. Como tú bien sabes, nada malo he hecho contra los judíos. 11 Si he cometido algún delito que merezca la pena de muerte, no me niego a morir; pero si no hay nada de cierto en las cosas de que me acusan, nadie tiene el derecho de entregarme a ellos. Pido que me juzgue el propio césar.e
12 Festo consultó entonces con sus consejeros y dijo:
–Puesto que has pedido que te juzgue el césar, al césar irás.f
Pablo es llevado ante Agripa
13 Al cabo de algunos días, el rey Agripag y Bereniceh fueron a Cesarea a saludar a Festo. 14 Como estuvieron allí varios días, Festo contó al rey el caso de Pablo. Le dijo:
–Hay aquí un hombre que Félix dejó preso. 15 Cuando estuve en Jerusalén, los jefes de los sacerdotes y los ancianos de los judíos me presentaron una demanda contra él, pidiéndome que le condenara. 16 Les contesté que la autoridad romana no acostumbra condenar a muerte a nadie sin que antes el acusado haya podido enfrentarse con sus acusadores para defenderse de la acusación.i 17 Por eso, cuando vinieron acá, sin perder tiempo, ocupé al día siguiente mi asiento en el tribunal y mandé traer al hombre. 18 Pero los que se presentaron para acusarle no alegaron en contra suya ninguno de los delitos que yo había pensado. 19 Lo único que tenían contra él eran cosas de su religión, y de un tal Jesús que murió y que Pablo dice que está vivo. 20 Como yo no sabía qué hacer en este asunto, le pregunté a Pablo si quería ir a Jerusalén para ser juzgado de esas cosas; 21 pero él ha pedido que le juzgue Su Majestad el emperador.j Por eso he ordenado que siga preso hasta que yo pueda enviárselo al césar.
22 Agripa dijo a Festo:
–Yo también quisiera oir a ese hombre.
Festo le contestó:
–Mañana mismo le oirás.
23 Al día siguiente, Agripa y Berenice llegaron con gran pompa,k y entraron en la sala junto con los jefes militares y las principales autoridades de la ciudad. Festo mandó que le llevaran a Pablo, 24 y dijo:
–Rey Agripa y señores que estáis aquí reunidos con nosotros: ahí tenéis a ese hombre. Todos los judíos me han traído acusaciones contra él, tanto en Jerusalén como aquí en Cesarea, y no dejan de pedirme a gritos su muerte; 25 pero a mí no me parece que haya hecho nada que la merezca.l Sin embargo, como él mismo ha pedido ser juzgado por Su Majestad el emperador, he decidido enviárselo. 26 Ahora bien, como no tengo nada concreto que escribir a mi señor el emperador acerca de él, lo traigo ante vosotros, y sobre todo ante ti, rey Agripa, para que después de interrogarle tenga yo algo que escribir. 27 Pues me parece absurdo enviar un preso y no decir de qué está acusado.
Pablo se defiende ante Agripa
26
Entonces Agripa dijo a Pablo:
–Puedes hablar en tu defensa.
Pablo alzó la mano y comenzó a hablar así:
“Me siento feliz de poder hablar hoy delante de ti, rey Agripa, para defenderme de todas las acusaciones que los judíos han presentado contra mí; más aún porque tú conoces todas las costumbres de los judíosa y las cosas que discutimos. Por eso te pido que me escuches con paciencia.
La vida de Pablo antes de su conversión
“Todos los judíos saben cómo viví entre ellos, en mi tierra y en Jerusalén, desde mi juventud. También saben, y lo pueden declarar si quieren, que siempre he sido fariseo,b que es la secta más estricta de nuestra religión. Pues bien, ahora me han traído a juicio precisamente por la esperanza que tengo en la promesa que Dios hizo a nuestros antepasados. Nuestras doce tribus de Israel esperan ver el cumplimiento de esa promesa, y por eso adoran a Dios y le sirven día y noche. Por esta misma esperanza, rey Agripa, los judíos me acusan ahora. ¿Por qué no creéis que Dios resucita a los muertos?c
Pablo cuenta cómo perseguía a los cristianos
“Yo mismo pensaba antes que debía hacer muchas cosas en contra del nombred de Jesús de Nazaret,e 10 y así lo hice en Jerusalén. Con la autorización de los jefes de los sacerdotes, metí en la cárcel a muchos de los creyentes; y cuando los mataban, yo estaba de acuerdo. 11 Muchas veces los castigaba para obligarlos a negar su fe. Y esto lo hacía en todas las sinagogas, y estaba tan furioso contra ellos que los perseguía hasta en ciudades extranjeras.
Pablo cuenta otra vez su conversiónf
12 “Con ese propósito me dirigía a la ciudad de Damasco, autorizado y comisionado por los jefes de los sacerdotes. 13 Pero en el camino, oh rey, vi a mediodía una luz del cielo, más fuerte que la luz del sol, que nos envolvió a mí y a los que iban conmigo. 14 Todos caímos al suelo, y oí una voz que me decía en hebreo:g ‘Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Te estás haciendo daño a ti mismo, igual que si dieras coces contra el aguijón.’h 15 Entonces dije: ‘¿Quién eres, Señor?’ El Señor me contestó: ‘Yo soy Jesús, a quien tú persigues.i 16 Pero levántate, ponte en pie, porque me he aparecido a ti para que me sirvas y para que seas testigo de lo que ahora has visto, y de lo que aún te mostraré. 17 Te voy a librar de los judíos y de los paganos; a estos te envío ahora.j 18 Y te mando a ellos para que les abras los ojos y no anden más en la oscuridad, sino en la luz;k para que no sigan bajo el poder de Satanás, sino que sigan a Dios; y para que, creyendo en mí, reciban el perdón de los pecados y una herencia entre el pueblo santo de Dios.’l
Pablo obedece a la visión
19 “Así que, rey Agripa, no desobedecí a la visión del cielo, 20 sino que primero anuncié el mensaje a los que estaban en Damasco, luego a los de Jerusalénm y a los de toda la región de Judea, y también a los no judíos, invitándolos a convertirse y volverse a Diosn y a hacer obras que demuestren esa conversión.ñ 21 Por este motivo, los judíos me apresaron en el templo y quisieron matarme.o 22 Pero con la ayuda de Dios sigo firme hasta ahora, hablando de Dios a todos, pequeños y grandes. Nunca les digo nada fuera de lo que los profetas y Moisés dijeron que había de suceder:p 23 que el Mesías tenía que morir, pero que sería el primero en resucitarq de la muerte y que anunciaría la luz de la salvación tanto a nuestro pueblo como a las demás naciones.r
La respuesta de Agripa
24 Al decir Pablo estas cosas en su propia defensa, Festo gritó:
–¡Estás loco, Pablo! ¡De tanto estudiar te has vuelto loco!
25 Pablo contestó:
–No estoy loco, excelentísimo Festo. Al contrario, lo que digo es razonable y es la verdad. 26 Ahí está el rey Agripa, que conoce bien estas cosas, y por eso hablo con tanta libertad delante de él. Porque estoy seguro de que también él sabe todo esto, ya que no se trata de cosas sucedidas en cualquier rincón escondido. 27 ¿Crees, rey Agripa, lo que dijeron los profetas? Sé que lo crees.s
28 Agripa le respondió:
–¡Por pocot me persuades a hacerme cristiano!u
29 –Pues por poco o por muchov –dijo Pablo–, quiera Dios que, no solamente tú, rey Agripa, sino también todos los que hoy me están escuchando, lleguen a ser como yo, aunque sin estas cadenas.
30 Se levantó entonces el rey, y también el gobernador, junto con Berenice y con todos los que estaban allí sentados, 31 y se fueron aparte a hablar del asunto. Decían entre ellos:
–Este hombre no ha hecho nada que merezca la muerte. Ni siquiera debería estar en la cárcel.w
32 Agripa dijo a Festo:
–Se podría haber soltado a este hombre, si él mismo no hubiera pedido ser juzgado por el césar.x
Pablo es enviado a Roma
27
Cuando decidieron enviarnos a Italia, Pablo y los otros presos fueron entregados a un centurión que se llamaba Julio, del batallón llamado del Emperador. Nos embarcamos,a pues, en un barco del puerto de Adramitio que estaba a punto de partir para los puertos de la provincia de Asia.b Se encontraba también con nosotros Aristarco,c de Tesalónica, ciudad de Macedonia. Al día siguiente llegamos al puerto de Sidón, donde Julio trató a Pablo con mucha consideración, dejándole visitar a sus amigos y ser atendido por ellos. Salimos de Sidón y navegamos protegidos del viento por la isla de Chipre,d porque teníamos el viento en contra. Atravesamos el mar frente a la costa de Cilicia y Panfilia y llegamos a Mira, una ciudad de Licia.
El centurión de los soldados encontró allí un barco de Alejandría que se dirigía a Italiae y nos hizo embarcar en él para continuar el viaje. Durante varios días navegamos despacio, y con mucho trabajo llegamos frente a Cnido. Como todavía teníamos el viento en contra, pasamos frente a Salmona dando la vuelta a la isla de Creta; y navegando con dificultad a lo largo de la costa, llegamos a un lugar llamado Buenos Puertos, cerca del pueblo de Lasea.f
Se había perdido mucho tiempo y ya era peligroso viajar por mar porque se acercaba el invierno.g Por eso, Pablo les aconsejó:
10 –Señores, veo que este viaje va a ser muy peligroso, y que vamos a perder tanto el barco como su carga, y hasta podemos perder la vida.
11 Pero el centurión hizo más caso al dueño y al capitán del barco que a Pablo.h 12 Y como aquel puerto no era bueno para invernar, casi todos pensaron que sería mejor salir de él e intentar llegar a Fenice, un puerto de Creta que mira al noroeste y al sudoeste,i y pasar allí el invierno.
La tempestad
13 Creyendo que podrían seguir el viaje porque comenzaba a soplar un viento suave del sur, partieron y navegaron junto a la costa de la isla de Creta. 14 Pero, poco después, un viento huracanado del nordeste azotó el barcoj y comenzó a arrastrarlo. 15 Como no podíamos mantener el barco de cara al viento, tuvimos que dejarnos llevar por él. 16 Pasamos por detrás de una pequeña isla llamada Cauda, donde el viento no soplaba con tanta fuerza,k y con mucho trabajo logramos izar el bote salvavidas.l 17 Una vez a bordo, reforzaron el barco con sogas.m Luego, como tenían miedo de encallar en los bancos de arena llamados la Sirte,n echaron el ancla flotanteñ y se dejaron llevar del viento. 18 Al día siguiente, la tempestad todavía era violenta, así que comenzaron a arrojar al mar la carga del barco; 19 y al tercer día, con sus propias manos, arrojaron también el aparejo del mismo. 20 Durante muchos días no se dejaron ver ni el sol ni las estrellas, y con la gran tempestad que nos azotaba habíamos perdido ya toda esperanza de salvarnos.o
21 Como llevábamos mucho tiempo sin comer, Pablo se levantó en medio de todos y dijo:
–Señores, mejor hubiera sido hacerme caso y no salir de Creta. Así habríamos evitado estos daños y perjuicios. 22 Ahora, sin embargo, no os desaniméis, porque ninguno de vosotros morirá, aunque el barco sí va a perderse. 23 Pues anoche se me apareció un ángel, enviado por el Dios al que pertenezco y sirvo, 24 y me dijo: ‘No tengas miedo, Pablo, porque has de presentarte ante el césar, y por tu causa Dios va a librar de la muerte a todos los que van contigo en el barco.’ 25 Por tanto, señores, ánimo, porque tengo confianza en Dios, y estoy seguro de que las cosas sucederán como el ángel me dijo. 26 Sin duda, seremos arrojados a alguna isla.
27 Una noche, cuando al cabo de dos semanas de viaje navegábamos por el mar Adriáticop llevados de un lado a otro por el viento, a eso de la media noche se dieron cuenta los marineros de que estábamos acercándonos a tierra. 28 Midieron la profundidad del agua y hallaron que era de treinta y seis metros; un poco más adelante la volvieron a medir y hallaron veintisiete metros. 29 Ante el temor de chocar contra las rocas, echaron cuatro anclas por la parte de popa, mientras pedían a Dios que amaneciera. 30 Los marineros, pensando en huir del barco, comenzaron a arriar el bote salvavidas mientras aparentaban echar las anclas de la parte de proa. 31 Pero Pablo avisó al centurión y a los soldados, diciendo:
–Si estos no se quedan en el barco, no podréis salvaros.
32 Entonces los soldados cortaron las amarras del bote salvavidas y lo dejaron caer al agua.
33 De madrugada, Pablo recomendó a todos que comiesen algo. Les dijo:
–Ya hace dos semanas que por esperar a ver qué pasa no habéis comido como de costumbre. 34 Os ruego que comáis alguna cosa: debéis hacerlo si queréis sobrevivir. Pensad que nadie va a perder ni un cabello de la cabeza.q
35 Al decir esto, Pablo tomó en sus manos un pan y dio gracias a Dios delante de todos. Lo partió y comenzó a comer, 36 con lo cual todos se animaron y comieron también. 37 Éramos en el barco doscientas setenta y seis personas en total. 38 Una vez que hubieron comido cuanto quisieron, arrojaron el trigo al mar para aligerar el barco.
El naufragio
39 Cuando amaneció, aunque los marineros no reconocían la tierra, vieron una bahía con su playa, y decidieron tratar de arrimar allí el barco. 40 Cortaron los cables de las anclas, abandonándolas en el mar, y aflojaron las amarras de los timones. Luego desplegaron al viento la vela delantera y el barco comenzó a acercarse a la playa. 41 Pero fuimos a dar en un banco de arena, y el barco encalló. La proa quedó encallada en la arena, sin poder moverse, mientras la popa comenzaba a hacerse pedazos por la violencia de las olas.
42 Los soldados decidieron entonces matar a los presos, para que no escapasen a nado.r 43 Pero el centurión, queriendo salvar a Pablo, no permitió que lo hicieran, sino que ordenó que quienes supieran nadar se lanzasen los primeros al agua para llegar a tierra, 44 y que los demás los siguieran, unos sobre tablas y otros sobre restos del barco. Así llegamos todos salvos a tierra.
Pablo en Malta
28
Una vez a salvo, supimos que la isla se llamaba Malta.a Los nativosb nos trataron muy bien a todos, y como estaba lloviendo y hacía frío encendieron una gran fogata y nos invitaron a acercarnos. Pablo había recogido un poco de leña seca, y estaba echándola al fuego cuando una víbora salió huyendo del calor y se le prendió de la mano. Al ver la víbora colgando de la mano de Pablo, los nativos se dijeron unos a otros:
–Este hombre es sin duda un asesino, pues aunque se ha salvado del mar, la justicia divinac no le deja vivir.
Pero Pablo se sacudió la víbora en el fuego, sin sufrir daño alguno.d Todos estaban esperando que se hinchara o que cayera muerto de un momento a otro, pero después de mucho esperar, viendo que nada le pasaba, cambiaron de idea y comenzaron a decir que Pablo era un dios.e
Cerca de aquel lugar había unos terrenos pertenecientes al personaje principal de la isla, llamado Publio, que nos recibió y atendió muy bien durante tres días. Y sucedió que el padre de Publio estaba en cama, enfermo de fiebre y disentería. Pablo fue a visitarlo, y después de orar puso las manos sobre élf y lo sanó. Con esto vinieron también los demás enfermos que había en la isla, y Pablo los sanó. 10 Nos llenaron de atenciones,g y después, al embarcarnos de nuevo, nos proveyeron de todo lo necesario para el viaje.
Llegada de Pablo a Roma
11 Al cabo de tres meses de estar en la isla, partimos en un barco que había pasado allí el invierno. Era una embarcación de Alejandría,h que llevaba por insignia la imagen de los dioses Cástor y Pólux.i 12 Llegamos al puerto de Siracusa,j donde nos quedamos tres días, 13 y de allí navegamos hasta Regio siguiendo de cerca la costa. Al día siguiente tuvimos viento del sur, y un día más tarde llegamos a Pozzuoli, 14 donde encontramos a algunos hermanos que nos invitaron a permanecer con ellos una semana. Así, finalmente, llegamos a Roma. 15 Los hermanos de Roma ya tenían noticias acerca de nosotros, por lo cual salieron a nuestro encuentro hasta el Foro de Apio y al lugar llamado “Las tres tabernas”. Al verlos, Pablo dio gracias a Dios y se sintió animado.k 16 Cuando llegamos a Roma, permitieron a Pablo vivir en una casa particular, vigilado solamente por un soldado.l
Pablo en Roma
17 Tres días después de su llegada, Pablo mandó llamar a los principales judíos de Roma, y una vez reunidos les dijo:
–Hermanos, yo no he hecho nada contra los judíos ni contra las costumbres de nuestros antepasados. Sin embargo, en Jerusalén fui entregado a los romanos. 18 Estos, después de interrogarme, quisieron soltarme porque no encontraban ninguna razón para condenarme a muerte.m 19 Pero como los judíos se oponían, me vi obligado a pedir que me juzgase el césar,n aunque no tengo nada de qué acusar a los de mi nación. 20 Por esto, pues, os he llamado: para veros y hablaros, porque precisamente por la esperanza que tenemos nosotros los israelitasñ es por lo que me encuentro aquí encadenado.
21 Ellos le contestaron:
–Nosotros no hemos recibido ninguna carta de Judea acerca de ti, ni ninguno de los hermanos judíos que han llegado de allá nos ha dicho nada malo en contra tuya. 22 Pero quisiéramos oir lo que tú piensas, porque sabemos que en todas partes se habla en contra de esta nueva secta.
23 Entonces le señalaron un día, en el que acudieron muchas personas a donde Pablo estaba alojado. De la mañana a la tarde estuvo Pablo hablándoles del reino de Dios. Trataba de convencerlos acerca de Jesús, por medio de la ley de Moisés y los escritos de los profetas.o 24 Algunos aceptaron lo que Pablo decía, pero otros no creyeron. 25 Y como no se ponían de acuerdo entre sí, comenzaron a marcharse. Pablo les dijo:
–Bien les habló el Espíritu Santo a vuestros antepasados por medio del profeta Isaías, 26 diciendo:
‘Anda y dile a este pueblo:
Por más que escuchéis, no entenderéis;
por más que miréis, no veréis.
27 Pues la mente de este pueblo está entorpecida,
tienen tapados los oídos
y sus ojos están cerrados,
para que no puedan ver ni oir,
ni puedan entender;
para que no se vuelvan a mí
y yo no los sane.’p
28 Sabed, pues, que de ahora en adelante esta salvación de Dios se ofrece a los no judíos, y ellos sí escucharán. [ 29 ] q
30 Pablo permaneció dos años enteros en la casa que tenía alquilada,r donde recibía a cuantos iban a verle. 31 Con toda libertad anunciaba el reino de Dios, y enseñaba acerca del Señor Jesucristo sin que nadie se lo estorbara.s

© 2002 Sociedades Bíblicas Unidas y Sociedad Bíblica de España




-ltima actualización del programa: 10/10/2016
visitor stats