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Jonás 1.1-4.11

Jonás :Introducción 1 2 3 4

I. JONÁS REBELDE A SU MISIÓN (1.1-16)
Jonás huye de Dios
1
El Señor se dirigió a Jonás, hijo de Amitai,a y le dijo: “Anda, vete a la gran ciudad de Níniveb y anuncia que voy a destruirla, porque hasta mí ha llegado la noticia de su maldad.”c
Pero Jonás, en lugar de obedecer, trató de huir del Señor. Se fue al puerto de Jope,d donde encontró un barco que estaba a punto de salir rumbo a Tarsis,e compró un pasaje y se embarcó para ir allá. Pero el Señor hizo que soplara un viento muy fuerte, y se levantó en alta mar una tempestad tan violenta que parecía que el barco iba a hacerse pedazos.f Los marineros estaban llenos de miedo, y cada cual invocaba a su dios. Por fin, para aligerar el barco, echaron toda la carga al mar. Mientras tanto, Jonás había bajado a la bodega del barco y se había quedado profundamente dormido.g El capitán fue a donde estaba Jonás y le dijo:
–¿Qué haces tú ahí, dormilón? ¡Levántate y clama a tu Dios! Tal vez quiera ocuparse de nosotros y nos ponga a salvo.h
Los marineros, entre tanto, se decían unos a otros:
–Vamos a echar suertes, para ver quién tiene la culpa de esta desgracia.
Echaron, pues, suertes,i y Jonás resultó ser el culpable. Entonces le dijeron:
–Dinos por qué nos ha venido esta desgracia. ¿Qué negocio te ha traído aquí? ¿De dónde vienes? ¿Cuál es tu país? ¿De qué raza eres?
Jonás les contestó:
–Soy hebreo,j y rindo culto al Señor, el Dios del cielo, creador del mar y de la tierra.k
10-11 Jonás contó a los marineros que estaba huyendo del Señor; y ellos, al oirlo, y al ver el mar cada vez más agitado,l sintieron aún más miedo y le preguntaron:
–¿Por qué has hecho eso? ¿Y qué podemos hacer contigo para que el mar se calme?
12 –Pues echadme al mar, y el mar se calmará –contestó Jonás–. Yo sé bien que soy el culpable de que esta tremenda tempestad se os haya venido encima.
13 Los marineros se pusieron a remar con todas sus fuerzas para acercarse a tierra, pero no lo lograron, porque el mar se embravecía por momentos. 14 Entonces clamaron al Señor diciendo: “Señor, no nos dejes morir por culpa de este hombre. Y si es inocente, no nos hagas responsables de su muerte,m porque tú, Señor, actúas según tu voluntad.”
15 Dicho esto, echaron a Jonás al mar, y el mar se calmó. 16 Al verlo, los marineros sintieron una profunda reverencia por el Señor, y le ofrecieron un sacrificio y le hicieron promesas.
II. JONÁS EN EL VIENTRE DEL GRAN PEZ (1.17–2.10)
17 n Pero el Señor había dispuesto un enorme pezñ que se tragara a Jonás. Y Jonás pasó tres días y tres noches dentro del pez.o
2 La oración de Jonása
Jonás oró al Señor su Dios desde dentro del pez, diciendo:

“En mi angustia clamé a ti, Señor,
y tú me respondiste.b
Desde las profundidades de la muerte
clamé a ti, y tú me oíste.c
Me arrojaste a lo más hondo del mard
y las corrientes me envolvieron.
Las grandes olas que tú mandas
pasaban sobre mí.e
Llegué a sentirme echado de tu presencia;f
pensé que no volvería a ver tu santo templo.
Las aguas me rodeaban por completo,
me cubría el mar profundo
y las algas se enredaban en mi cabeza.
Me hundí hasta el fondo del abismo:g
¡Ya me sentía su eterno prisionero!
Pero tú, Señor, mi Dios,
me salvaste de la muerte.h
Al ver que la vida se me iba,
me acordé de ti, Señor;
mi oración llegó a ti en tu santo templo.
Los que siguen a los ídolos
dejan de serte leales;
pero yo, con voz de gratitud,
te ofreceré sacrificios;
cumpliré las promesas que te hice.i
¡Tan sólo tú, Señor, puedes salvar!”

10 Entonces el Señor dispuso que el pez vomitara a Jonás en tierra firme.
III. PREDICACIÓN DE JONÁS Y CONVERSIÓN DE LOS NINIVITAS (3.1-10)
Arrepentimiento de los ninivitas
3
El Señor se dirigió por segunda vez a Jonás y le dijo: “Anda, vete a la gran ciudad de Nínive y anuncia lo que te voy a decir.”a
3-4 Jonás se puso en marcha y fue a Nínive, como el Señor se lo había ordenado. Nínive era una ciudad tan grande que para recorrerla por entero había que caminar tres días.b Jonás entró en la ciudad y anduvo todo un día, diciendo a grandes voces: “¡Dentro de cuarenta días, Nínive será destruida!”c
Los habitantes de la ciudad, grandes y pequeños, creyeron en Dios, proclamaron ayuno y se pusieron ropas ásperas en señal de dolor.d Cuando la noticia llegó al rey de Nínive, también él se levantó de su trono, se quitó sus vestiduras reales, se puso ropas ásperas y se sentó en el suelo.e Luego el rey y sus ministros dieron a conocer por toda la ciudad este decreto: “Que nadie tome ningún alimento. Que tampoco se dé de comer ni de beber al ganado y a los rebaños. Al contrario, vestíos todos con ropas ásperas en señal de dolor, y clamad a Dios con todas vuestras fuerzas. Deje cada cual su mala conducta y la violencia que ha estado cometiendo hasta ahora;f tal vez Dios cambie de parecer y se calme su ira, y así no moriremos.”
10 Dios vio lo que hacía la gente de Nínive y cómo dejaba su mala conducta, y decidió no hacerles el daño que les había anunciado.g
4 IV. EL ENOJO DEL PROFETA Y LA RESPUESTA DE DIOS (4.1-11)a
A Jonás le cayó muy mal lo que Dios había hecho, y se disgustó mucho. Por eso oró al Señor, diciendo:
–Mira, Señor, cuando aún me encontraba en mi tierra, ya decía yo que esto es lo que iba a pasar. Por eso quise huir de prisa a Tarsis, pues yo sé que tú eres un Dios tierno y compasivo, que no te enojas fácilmente, y que es tanto tu amor que anuncias un castigo y luego te arrepientes.b Por eso, Señor, te ruego que me quites la vida.c Más me valdrá morir que seguir viviendo.
Pero el Señor le contestó:
–¿Te parece bien enojarte así?d
Jonás salió de la ciudad y acampó al oriente de ella; allí se hizo una enramada y se sentó a su sombra, esperando a ver qué iba a pasarle a la ciudad. Dios el Señor dispuso entonces que una mata de ricinoe creciera por encima de Jonás, y que su sombra le cubriera la cabeza para que se sintiera mejor. Jonás estaba muy contento con aquella mata de ricino. Pero, al amanecer del día siguiente, Dios dispuso que un gusano picara al ricino, y este se secó. Cuando salió el sol, Dios dispuso que soplara un ardiente y fuerte viento del este,f y Jonás, como el sol le quemaba la cabeza, se sintió desmayar y quería morirse.
–¡Más me valdrá morir que seguir viviendo! –decía.
Pero Dios le contestó:
–¿Te parece bien enojarte así porque se haya secado la mata de ricino?
–¡Claro que me parece bien! –respondió Jonás–. ¡Estoy que me muero de rabia!
10 Entonces el Señor le dijo:
–Tú no plantaste la mata de ricino ni la hiciste crecer; en una noche nació y a la noche siguiente se murió. Sin embargo, tienes compasión de ella. 11 Pues con mayor razón debo yo tener compasión de Nínive, esa gran ciudad donde hay más de ciento veinte mil niños inocentesg y muchos animales.h

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-ltima actualización del programa: 10/10/2016
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