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Jueces 4.1-5.31

Jueces :Introducción 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21

4 4. Débora y Barac (4–5)a
Débora y Barac derrotan a Sísara
Después de la muerte de Ehud, los israelitas volvieron a hacer lo malo a los ojos del Señor, así que el Señor los entregó al poder de Jabín, un rey cananeo que gobernaba en la ciudad de Hasor.b El jefe de su ejército se llamaba Sísara, y vivía en Haróset-goím.c Jabín tenía novecientos carros de hierro, y durante veinte años había oprimido cruelmente a los israelitas, hasta que por fin estos suplicaron al Señor que los ayudara.
En aquel tiempo los israelitas eran gobernados por una profetisa llamada Débora, esposa de Lapidot.d Débora acostumbraba sentarse bajo una palmera (conocida como “la palmera de Débora”), que había en los montes de Efraín, entre Ramá y Betel,e y los israelitas acudían a ella para resolver sus pleitos.
Un día, Débora mandó llamar a un hombre llamado Barac,f hijo de Abinóam, que vivía en Quedes, un pueblo de la tribu de Neftalí,g y le dijo:
–El Señor, el Dios de Israel, te ordena lo siguiente: ‘Ve al monte Taborh y reúne allí a diez mil hombres de las tribus de Neftalí y Zabulón. Yo voy a hacer que Sísara, jefe del ejército de Jabín, venga al arroyo Quisóni para atacarte con sus carros y su ejército. Pero voy a entregarlos en tus manos.’
–Solo iré si tú vienes conmigo –contestó Barac–. Pero si no vienes, yo tampoco iré.
–Pues iré contigo –respondió Débora–. Solo que la gloria de esta campaña que vas a emprender no será para ti, porque el Señor entregará a Sísara en manos de una mujer.
Entonces Débora fue con Barac a Quedes. 10 Allí Barac llamó a las tribus de Zabulón y Neftalí, y reunió bajo su mando un ejército de diez mil hombres. Débora iba con él.
11 Cerca de Quedes, junto a la encina de Saanaim, estaba el campamento de Héber el quenita, quien se había separado de los demás quenitas que, como él, descendían de Hobab, el suegro de Moisés.j 12 Cuando Sísara supo que Barac había subido al monte Tabor, 13 reunió sus novecientos carros de hierrok y a todos sus soldados, y marchó con ellos desde Haróset-goím hasta el arroyo Quisón. 14 Entonces Débora dijo a Barac:
–¡Adelante, que ahora es cuando el Señor va a entregar en tus manos a Sísara! ¡Ya el Señor va al frente de tus soldados!
Barac bajó del monte Tabor con sus diez mil soldados, 15 y el Señor sembró el pánico entre los carros y los soldados de Sísara en el momento de enfrentarse con la espada de Barac; hasta el mismo Sísara bajó de su carro y huyó a pie. 16 Mientras tanto, Barac persiguió a los soldados y los carros hasta Haróset-goím. Aquel día no quedó con vida ni un solo soldado del ejército de Sísara: todos murieron.
17 Como Jabín, el rey de Hasor, estaba en paz con la familia de Héber el quenita, Sísara llegó a pie, en su huida, hasta la tienda de Jael, la esposa de Héber, 18 la cual salió a recibirle y le dijo:
–Por aquí, mi señor, por aquí. No tengas miedo.
Sísara entró, y Jael lo escondió tapándolo con una manta; 19 entonces Sísara le pidió agua, pues tenía mucha sed. Jael destapó el odre donde guardaba la lechel y le dio de beber; después volvió a taparlo. 20 Sísara le dijo:
–Quédate a la entrada de la tienda, y si alguno viene y te pregunta si hay alguien aquí dentro, dile que no.
21 Pero Sísara estaba tan cansado que se quedó profundamente dormido. Entonces Jael tomó un martillo y una estaca de las que usaban para sujetar la tienda de campaña, y acercándose sin hacer ruido hasta donde estaba Sísara, le clavó la estaca en la sien, contra la tierra. Así murió Sísara.m 22 Y cuando Barac llegó en busca de Sísara, Jael salió a recibirle y le dijo:
–Ven, que te voy a mostrar al que andas buscando.
Barac entró en la tienda y encontró a Sísara tendido en el suelo, ya muerto y con la estaca clavada en la cabeza.
23 Así humilló el Señor aquel día a Jabín, el rey cananeo, delante de los israelitas. 24 Y desde entonces los israelitas trataron a Jabín cada vez con mayor dureza, hasta que lo destruyeron.
5 El cántico de Débora y Baraca
Aquel día, Débora y Barac, hijo de Abinóam, cantaron así:

“Alabad todos al Señor,
porque aún hay en Israel
hombres dispuestos a pelear;b
porque aún hay entre el pueblo
hombres que responden a la llamada de guerra.
¡Escuchadme, reyes!
¡Oídme, gobernantes!
¡Voy a cantar al Señor!,
¡voy a cantar al Dios de Israel!

“Cuando tú, Señor, saliste de Seír;
cuando te fuiste de los campos de Edom,c
tembló la tierra, se estremeciód el cielo,
las nubes derramaron su lluvia.
Delante de ti, Señor,
delante de ti, Dios de Israel,
temblaron los montes, tembló el Sinaí.e
En los tiempos de Samgar, hijo de Anat,f
y en los tiempos de Jael,g
los viajeros abandonaron los caminos
y anduvieron por senderos escabrosos;
las aldeash de Israel
quedaron del todo abandonadas.
Fue entonces cuando yo me levanté,
¡yo, Débora, una madre de Israel!

“No faltó quien se escogiera nuevos dioses
mientras se luchaba a las puertas de la ciudad,
pero no se veía un escudo ni una lanza
entre cuarenta mil israelitas.

“¡Yo doy mi corazón
por los altos jefes de Israel,
por la gente de mi pueblo
que respondió a la llamada de guerra!
¡Alabad todos al Señor!

10 “Decidlo vosotros, los que montáis asnas pardas;i
y vosotros, los que os sentáis sobre alfombras;
también vosotros, los viajeros:
11 ¡allá, entre los abrevaderos
y al son de sonoros platillos,
proclamad las victorias del Señor,
las victorias de sus aldeas en Israel!j

12 “¡Despierta, Débora, despierta;
despierta y entona una canción!
¡Y tú, Barac, hijo de Abinóam,
levántate y llévate a tus prisioneros!

13 “Entonces bajaron los israelitask
a luchar contra los poderosos;
bajaron por mí las tropas del Señor
a luchar contra los hombres de guerra.
14 Algunos hombres de Efraínl bajaron al valle,m
y tras ellos fueron las tropas de Benjamín.
De Maquirn bajaron sus jefes,
y de Zabulón, sus gobernantes.ñ
15 También acompañaron a Débora
los jefes de Isacar;
Isacar fue el apoyo de Barac,
pues se lanzó tras él al valle.

“Si en los escuadrones de Rubén
hay grandes hombres de corazón resuelto,
16 ¿por qué os quedasteis entre los rediles,
oyendo a los pastores llamar a sus ovejas?
¡En los escuadrones de Rubén
hay grandes hombres de corazón cobarde!

17 “Galaad se quedó acampando
al otro lado del río Jordán;
Dan se quedó junto a los barcos,
y Aser se quedó en la costa
y no se movió de sus puertos;o
18 pero en las alturas de los campos,
Zabulón y Neftalí arriesgaron la vida.

19 “Entonces los reyes vinieron a Taanac,
junto a las aguas de Meguido;
los reyes cananeos vinieron en plan de guerra,
pero no obtuvieron plata ni riquezas.p
20 Desde el cielo, desde sus órbitas,
las estrellas lucharon contra Sísara;
21 el arroyo, el arroyo antiguo,
el arroyo Quisón, los barrió a todos.
¡Tú aplastarás la garganta de los poderosos!q

22 “¡Resuenan los cascos de los caballos!
¡Galopan, galopan los briosos corceles!
23 Y el ángel del Señor anuncia:
‘¡Que caiga una dura maldición
sobre Meroz y sus habitantes!’,
pues no acudieron, como los valientes,
en ayuda del Señor.

24 “¡Bendita sea entre las mujeres Jael,
la esposa de Héber el quenita!
¡Bendita sea entre las mujeres del campamento!
25 Agua pidió Sísara; leche le dio Jael.
¡Crema le dio en un tazón especial!
26 Mientras tanto, tomó la estaca con la izquierda
y el mazo de trabajo con la derecha,
y dando a Sísara un golpe en la cabeza,
le rompió y atravesó las sienes.
27 Sísara se retorcía a los pies de Jael;
retorciéndose de dolor cayó al suelo,
y allí donde cayó, allí quedó muerto.r

28 “La madre de Sísara, afligida,
se asoma a la ventana y dice:
‘¿Por qué tarda tanto en llegar su carro?
¿Por qué se retrasa su carro de guerra?’
29 Algunas damas sabihondas le responden,
e incluso ella misma se repite:
30 ‘Seguramente se están repartiendo
lo que ganaron en la guerra:
una esclava, y aun dos, para cada guerrero;
para Sísara las telas de colores:
una tela, y aun dos,
bordadas de varios colores,
para el cuello del vencedor!’s

31 “¡Que así sean destruidos, Señor,
todos tus enemigos,
y que brillen los que te aman,
como el sol en todo su esplendor!”

Después de esto hubo paz en la región durante cuarenta años.

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-ltima actualización del programa: 10/10/2016
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