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Mateo 6.5-7.29

Mateo :Introducción 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28

2. La oración
“Cuando oréis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pied en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que la gente los vea.e Os aseguro que con eso ya tienen su recompensa. Pero tú, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora en secreto a tu Padre. Y tu Padre, que ve lo que haces en secreto, te dará tu recompensa.f
“Y al orar no repitas palabras inútilmente, como hacen los paganos,g que se imaginan que por su mucha palabrería Dios les hará más caso. No seáis como ellos, porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis aun antes de habérselo pedido.h Vosotros debéis orar así:i
‘Padre nuestroj que estás en el cielo,
santificado sea tu nombre.k
10 Venga tu reino.
Hágase tu voluntad en la tierra
así como se hace en el cielo.l
11 Danos hoy el pan que necesitamos.m
12 Perdónanos nuestras ofensasn
como también nosotros perdonamos
a quienes nos han ofendido.
13 Y no nos expongas a la tentación,ñ
sino líbranos del maligno.’o
14 “Porque si vosotros perdonáis a los demás el mal que os hayan hecho, vuestro Padre que está en el cielo os perdonará también a vosotros; 15 pero si no perdonáis a los demás, tampoco vuestro Padre perdonará el mal que vosotros hacéis.p
3. El ayuno
16 “Cuando ayunéis,q no pongáis el gesto compungido, como los hipócritas, que aparentan aflicción para que la gente vea que están ayunando. Os aseguro que con eso ya tienen su recompensa. 17 Pero tú, cuando ayunes, lávate la cara y arréglate bien, 18 para que la gente no advierta que estás ayunando. Solamente lo sabrá tu Padre, que está a solas contigo, y él te dará tu recompensa.
Riquezas en el cielor
19 “No acumuléis riquezas en la tierra, donde la polilla destruye y las cosas se echan a perder, y donde los ladrones entran a robar. 20 Acumulad más bien vuestras riquezas en el cielo, donde la polilla no destruye, ni las cosas se echan a perder, ni los ladrones entran a robar.s 21 Porque donde esté tu riqueza, allí estará también tu corazón.
La lámpara del cuerpo
22 “Los ojos son como la lámpara del cuerpo. Si tus ojos son buenos, todo tu cuerpo será luminoso; 23 pero si tus ojos son malos, todo tu cuerpo será oscuridad.t Y si la luz que hay en ti resulta ser oscuridad, ¡qué negra no será la propia oscuridad!
Dios y las riquezas
24 “Nadie puede servir a dos amos, porque odiará a uno y querrá al otro, o será fiel a uno y despreciará al otro. No se puede servir a Dios y al dinero.u
Dios cuida de sus hijos
25 “Por tanto, os digo: No estéis preocupados por lo que habéis de comer o beber para vivir, ni por la ropa con que habéis de cubrir vuestro cuerpo. ¿No vale la vida más que la comida y el cuerpo más que la ropa? 26 Mirad las aves que vuelan por el cielo: ni siembran ni siegan ni almacenan en graneros la cosecha; sin embargo, vuestro Padre que está en el cielo les da de comer. Pues bien, ¿acaso no valéis vosotros más que las aves?v 27 Y de todos modos, por mucho que uno se preocupe, ¿cómo podrá prolongar su vida ni siquiera una hora?w
28 “¿Y por qué estar preocupados por la ropa? Mirad cómo crecen los lirios del campo:x no trabajan ni hilan. 29 Sin embargo, os digo que ni aun el rey Salomón, con todo su lujo,y se vestía como uno de ellos. 30 Pues si Dios viste así a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se quema en el horno, ¿no os vestirá con mayor razón a vosotros, gente falta de fe? 31 No estéis, pues, preocupados y preguntándoos: ‘¿Qué vamos a comer?’ o ‘¿Qué vamos a beber?’ o ‘¿Con qué nos vamos a vestir?’ 32 Los que no conocen a Dios se preocupan por todas esas cosas, pero vosotros tenéis un Padre celestial que ya sabe que las necesitáis. 33 Por lo tanto, buscad primeramente el reino de los cielos y el hacer lo que es justo delante de Dios,z y todas esas cosas se os darán por añadidura.a 34 No estéis, pues, preocupados por el día de mañana, porque mañana ya habrá tiempo de preocuparse. A cada día le basta con sus propios problemas.
No juzgar a otros
7
“No juzguéis a nadie,a para que Dios no os juzgue a vosotros.b Pues Dios os juzgará de la misma manera que vosotros juzguéis a los demás; y con la misma medida con que midáis, Dios os medirá a vosotros.c ¿Por qué miras la paja que tu hermano tiene en su ojo y no te fijas en el tronco que tú tienes en el tuyo?d Y si tú tienes un tronco en el tuyo, ¿cómo podrás decirle a tu hermano: ‘Déjame sacarte la paja que tienes en el ojo’¡ ¡Hipócrita!, sácate primero el tronco de tu propio ojo, y así podrás ver bien para sacar la paja del ojo de tu hermano.
“No deis las cosas sagradas a los perros, no sea que se revuelvan contra vosotros y os hagan pedazos. Y no echéis vuestras perlas a los cerdos, para que no las pisoteen.e
Pedir, buscar y llamar a la puerta
“Pedid y Dios os dará,f buscad y encontraréis, llamad a la puerta y se os abrirá. Porque el que pide recibe, el que busca encuentrag y al que llama se le abre.
“¿Acaso alguno de vosotros sería capaz de darle a su hijo una piedra cuando le pide pan? 10 ¿O de darle una culebra cuando le pide un pescado? 11 Pues si vosotros, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en el cielo las dará a quienes se las pidan!h
12 “Así pues, haced con los demás lo mismo que queréis que los demás hagan con vosotros.i Esto es lo que mandan la ley de Moisés y los escritos de los profetas.
La puerta estrecha
13 “Entrad por la puerta estrecha. Porque la puerta y el camino que conducen a la perdición son anchos y espaciosos, y muchos entran por ellos; 14 pero la puerta y el camino que conducen a la vida son estrechos y difíciles, y pocos los encuentran.j
El árbol se conoce por su fruto
15 “¡Cuidado con los falsos profetas! Vienen a vosotros disfrazados de ovejas, pero por dentro son lobos feroces.k 16 Por sus frutos los conoceréis, pues no se recogen uvas de los espinos ni higos de los cardos.l 17 Así, todo árbol bueno da buen fruto; pero el árbol malo da fruto malo. 18 El árbol bueno no puede dar mal fruto, ni el árbol malo dar fruto bueno. 19 Todo árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al fuego.m 20 De modo que por sus frutos los conoceréis.n
De la entrada en el reino de los cielos
21 “No todos los que me dicen ‘Señor, Señor’ entrarán en el reino de los cielos, sino solo los que hacen la voluntad de mi Padre celestial.ñ 22 Aquel díao muchos me dirán: ‘Señor, Señor, nosotros hablamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros.’ 23 Pero yo les contestaré: ‘Nunca os conocí.p ¡Apartaos de mí, malhechores!’q
Parábola de los dos cimientos
24 “Todo el que oye mis palabras y hace caso a lo que digo es como un hombre prudente que construyó su casa sobre la roca. 25 Vino la lluvia, crecieron los ríos y soplaron los vientos contra la casa; pero no cayó, porque tenía sus cimientos sobre la roca. 26 Pero todo el que oye mis palabras y no hace caso a lo que digo, es como un tonto que construyó su casa sobre la arena. 27 Vino la lluvia, crecieron los ríos y soplaron los vientos, y la casa se derrumbó. ¡Fue un completo desastre!”
28 Cuando Jesús acabó de hablar,r la gente estaba admirada de cómo les enseñaba, 29 porque lo hacía con plena autoridad y no como sus maestros de la ley.s

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-ltima actualización del programa: 10/10/2016
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