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Génesis 1-11

Génesis :1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33 34 35 36 37 38 39 40 41 42 43 44 45 46 47 48 49 50

1
a 1.1 Creó: heb. bará. En el AT, este verbo tiene por sujeto únicamente a Dios, y se refiere siempre a una acción divina que produce, en particular, un resultado nuevo e imprevisible (Is 48.6-7; Jer 31.22). Se emplea para designar la creación del mundo y de la humanidad (Gn 1.27; 5.1; Dt 4.32; Is 45.12), la formación del pueblo de Israel (Is 43.1,15), la restauración de Jerusalén (Is 65.18), la renovación interior del pecador arrepentido y perdonado (Sal 51.10) y la creación, al fin de los tiempos, de un cielo nuevo y una tierra nueva (Is 65.17; 66.22).
b 1.1 Los antiguos hebreos no poseían un término equivalente al gr. cosmos. El universo en su totalidad era designado con la expresión el cielo y la tierra (cf. Gn 14.22; Sal 124.8; Mt 28.18). En el uso de esta expresión se refleja la costumbre semítica de abarcar una totalidad mencionando dos elementos extremos u opuestos (cf. Gn 2.9).
c 1.2 Todo era un mar profundo: Según una idea muy difundida entre los pueblos del antiguo Oriente, las aguas amenazantes del caos primitivo lo cubrían todo antes de la creación (cf. Sal 104.6-9). Por lo tanto, una de las primeras acciones del Creador consistió en separar las aguas de arriba y las de abajo, poniendo como línea divisoria la bóveda celeste (v. 7). De acuerdo con los vs. 5-9, de este caos primitivo se formaron los mares, tanto los que están sobre la superficie de la tierra como los que están debajo de ella. Véase Sal 18.15 n.; cf. también Sal 24.2.
d 1.2 La palabra hebrea traducida por espíritu puede significar también viento, soplo o aliento. Además, la expresión de Dios se utiliza a veces en el AT como complemento para expresar el superlativo (cf. Gn 10.9, donde gran cazador es lit. cazador de Dios). Por eso, algunos intérpretes consideran que la parte final de este v. significa un fuerte viento iba y venía sobre las aguas. Véase también Gn 13.10 nota b.
e 1.3 Dios dijo: Esta frase, corroborada por la frase complementaria Y así fue (cf. vs. 6,9,11, etc.), pone de relieve el poder creador de la palabra de Dios. La orden divina se cumple de forma inmediata, y el efecto producido coincide con el pensamiento y la voluntad del Creador (cf. Sal 33.6-9; 148.5; Is 48.13; 55.10-11; Heb 11.3).
h 1.4 Este relato de la creación insiste en afirmar que la obra realizada por Dios es buena (vs. 4,10,12,18,21,25,31). El adjetivo bueno tiene en el AT varios significados, que comprenden desde lo moralmente correcto hasta lo bello, agradable y útil. Todos estos aspectos están aquí presentes, pero el que más se destaca es probablemente el de apropiado. Todo lo que existe es bueno, porque procede de Dios y corresponde a su propósito. Esta idea está en abierto contraste con los mitos paganos que hablan de un mundo creado por dioses caprichosos, o de un universo que existe sin propósito alguno o tiene incluso un carácter maligno. Cf. Sab 11.24-25.
i 1.5 Se completó: lit. y anocheció y amaneció. Véanse Sal 55.17 n.; 104.19 n.
j 1.5 El primer día: El relato bíblico distribuye las acciones creadoras de Dios en el marco de una semana, con sus seis días de trabajo y el séptimo de descanso. En esos seis días están repartidas ocho obras: las cuatro primeras consisten en separar y delimitar las zonas o regiones que configuran el mundo visible; las cuatro restantes están destinadas a poblar esas regiones con seres dotados de movimiento.
k 1.6 Y así fue: según la versión griega (LXX) y la estructura literaria del relato (cf. Gn 1.9,11, etc.). En el texto hebreo la frase aparece al final del v. 7.
l 1.6-8 La palabra hebrea traducida por bóveda designa algo sólido y resistente, como una lámina de metal batido a golpes de martillo. Esta idea está de acuerdo con la visión del mundo que se tenía antiguamente, según la cual el universo era una estructura compuesta de tres niveles: el cielo, la tierra y el mundo subterráneo (cf. Ex 20.4). A la tierra se la imaginaba como una superficie plana; el cielo era concebido como una bóveda, cúpula sólida o “firmamento” (cf. Job 37.18), sobre la que se apoyaba el inmenso depósito de agua u océano superior del que procedían las lluvias (cf. Gn 7.11; Sal 148.4; Is 40.22); y en el mundo subterráneo había un océano inmenso, sobre el que se asentaban los pilares que sostenían la tierra (véase Gn 1.2 nota c ; cf. también Sal 24.2; 104.5; 136.6).
m 1.9 Cf. Job 38.8-11; Sal 104.6-9; Pr 8.27-30; Jer 5.22. El agua... debajo del cielo: Véanse Gn 1.2 nota c ; 1.6-8 n.
11 n 1.11 Produzca la tierra: Dios ha concedido a algunos seres el don de la fecundidad, para que ellos continúen y completen la obra del Creador. Cf. vs. 20,24. Nótese que para los antiguos orientales la fecundidad era objeto de culto, porque la consideraban como una fuerza divina que residía en algunos seres (p. ej., en la tierra). Para el AT, en cambio, la fecundidad es una bendición otorgada por Dios. Véase Gn 1.28 nota w.
14 ñ 1.14-15 Las fechas especiales: lit. los tiempos señalados, es decir, las estaciones del año y las fiestas religiosas correspondientes. Cf. Sal 81.3.
18 o 1.14-18 Los astros, que en las religiones del antiguo Oriente eran adorados como dioses, aquí son presentados como seres creados por Dios y no como fuerzas misteriosas que rigen el destino de las personas o como objetos de culto (cf. Dt 4.19; Sof 1.5). Cf. también Sal 8.3; Jer 31.35 ; Eclo 43.1-10 .
20 p 1.20 Y así fue: según la versión griega (LXX). En el texto hebreo no aparece esta frase.
21 q 1.21 Los monstruos del mar son mencionados para indicar que también ellos han sido creados por Dios y están bajo su dominio. Aquí radica una de las principales diferencias entre este relato y el más famoso de los mitos babilónicos de la creación. Según este último, la creación del mundo estuvo precedida por el nacimiento de varias generaciones de dioses y por la victoria del dios Marduc sobre el monstruo marino que era la personificación del caos originario. En contraposición con este relato mitológico, el Génesis habla de un único Dios, que existe desde siempre y que por sí mismo crea el universo con el poder de su palabra. Como todo lo que existe ha sido creado por Dios, ya no queda lugar para adorar a los fenómenos de la naturaleza o a cualquier otro ser animado o inanimado.
26 r 1.26 Semejante a nosotros: Este plural, pronunciado por el único Dios, ha sido interpretado de diversas maneras. En realidad, parece sugerir la idea de una especial deliberación del Creador en el momento de crear el género humano. De entre todas las obras de Dios, solo la creación del hombre es precedida por esta referencia a una solemne decisión divina.
27 t 1.27 Hombre: heb. adam, designa aquí a todo el género humano; en otros pasajes, este mismo término tiene el valor de un nombre propio (Adán). Cf. Gn 4.25.
u 1.27 Lo creó semejante a Dios mismo: Los seres humanos no so únicamente una creación especial de Dios (véase Gn 2.7 nota h), sino que han sido creados a su imagen, es decir, están dotados de características tales que les permiten entrar en una relación personal o diálogo con Dios y ejercer como representantes suyos el gobierno del mundo (v. 28). Cf. Gn 5.1; 9.6; 1 Co 11.7; Stg 3.9.
v 1.27 Hombre y mujer: El texto señala que el ser sexuado pertenece, por voluntad de Dios, a la condición humana. Cf. Mt 19.4; Mc 10.6.
28 w 1.28 Gn 5.1-2. La bendición divina, en el AT, aparece vinculada con frecuencia al don de la fecundidad. Cf. Gn 17.16,20; 22.17; 26.12,24; 28.3. Véanse también Gn 49.22-26 n.; Sal 128 n.
x 1.28 Que se arrastran: otra posible traducción: que se mueven, en referencia a todos los seres terrestres.
30 y 1.29 Según algunos mitos muy difundidos en el antiguo Oriente, los dioses crearon al hombre para que les proporcionara alimento y realizara los trabajos serviles que ellos necesitaban para su bienestar. Aquí, en cambio, Dios es el que proporciona todo lo necesario para el bienestar de los seres humanos, ya que él no padece ninguna necesidad. Cf. Sal 50.9-13.
31 z 1.31 Todo... estaba muy bien: Este superlativo se refiere, probablemente, no a una obra de Dios en particular, sino al conjunto de la creación. Véase 1.4 n.
2
a 2.2 Descansó: El verbo hebreo significa lit. cesar o terminar, y de él proviene el nombre shabat, traducido al castellano por sábado o día de reposo (cf. Ex 20.11; 31.17; cf. Heb 4.4,10). Decir que Dios descansó no quiere decir que dejó de actuar, sino que dio por bien lograda su obra. Véase Jn 15.17-18 n.
b 2.3 Séptimo día: Esta expresión presupone el simbolismo del número siete, que en la Biblia representa lo completo y perfecto. Véase Gn 4.18 n.
c 2.4 Se repiten las palabras de Gn 1.1 para indicar que ha concluido la sección relativa a la creación del universo. Esta es la historia: en heb. toledot. Esta frase se repite diez veces e introduce las distintas secciones en que se divide el libro del Génesis. La palabra toledot implica la idea de nacimiento o generación , y en esta versión se ha traducido de distintas maneras, según los contextos: Gn 5.1 (lista); 6.9 (historia); 10.1; 11.10,27 (descendientes); 25.12 (hijos); 25.19 (historia); 36.1,9 (descendientes); 37.2 (historia).
d 2.4b-25 El siguiente relato, a diferencia de Gn 1.1–2.4a, se refiere de un modo especial a la creación del hombre y de la mujer. Uno y otra son creados por Dios en momentos distintos, pero esta diferencia hace resaltar más aún la igualdad y la complementariedad de los dos sexos. Según el relato, en efecto, Dios concedió primero al hombre la compañía de los aimales (v. 19). Sin embargo, esta compañía no logró arrancarlo de su soledad (v. 20). Solo la presencia de la mujer, es decir, de un ser igual a él, le abrió la posibilidad del diálogo y del encuentro personal (v. 23).
e 2.4 El Señor: traducción de Yahvé, el nombre propio del Dios de Israel. Véanse Gn 4.26 nota y; Ex 3.14-15 y las notas correspondientes.
f 2.6 Es probable que la palabra traducida aquí por agua signifique, más concretamente, agua que brota de la tierra o manantial.
g 2.7 El texto hebreo hace un juego de palabras entre los vocablos adam, que significa hombre, y adamá, que significa suelo o tierra cultivable (véase el mismo procedimiento en Gn 3.19). Así se destaca la estrecha vinculación que existe entre el hombre y la tierra.
h 2.7 Formó... vida: La mención de estos actos especiales de Dios pone de relieve lo que distingue al hombre de los demás seres creados (véase Gn 1.27 nota u). Cf. Is 45.9-11; Jer 18.1-6; Ro 9.21, donde la soberanía de Dios se expresa igualmente con la imagen del alfarero que modela sus vasijas.
i 2.7 Así el hombre comenzó a vivir: citado en 1 Co 15.45 ; cf. Sab 15.11 .
j 2.8 Edén es una palabra hebrea que significa delicia (cf. Is 51.3; Ez 31.8-9). Algunos la relacionan con un término asirio que significa llanura o estepa.
k 2.9 El árbol de la vida: es decir, cuyos frutos dan la vida. Cf. Gn 3.22; Ap 2.7; 22.2,14.
l 2.9 El árbol del conocimiento del bien y del mal: Para comprender esta expresión, es conveniente tener en cuenta, en primer lugar, la costumbre hebrea de abarcar una totalidad mencionando únicamente dos términos extremos y opuestos (véase Gn 1.1 nota b). Además, el verbo “conocer”, en el AT, no se refiere solamente al conocimiento intelectual, sino que también puede implicar las ideas de elección, discernimiento e incluso de dominio. Por tanto, conocer el bien y el mal equivale a decidir por cuenta propia y con absoluta independencia qué es lo bueno y qué es lo malo, es decir, a tener plena autonomía en el campo moral. Cf. Gn 3.22.
14 m 2.10-14 El Tigris y el Éufrates son los dos grandes ríos de la Mesopotamia; los llamados Pisón y Guihón no han podido ser identificados con certeza.
15 n 2.15 El trabajo no se presenta como un castigo, sino como la actividad que permite al hombre cumplir con su responsabilidad en el mantenimiento y desarrollo del mundo y en la realización de sí mismo (cf. Gn 1.28). Solo a consecuencia del pecado, el trabajo adquirió las características de un esfuerzo penoso (Gn 3.17-19).
17 ñ 2.17 No comas del fruto de ese árbol: Al imponerle este precepto, Dios reconoce al hombre como responsable de sus actos. Pero, al mismo tiempo, afirma su soberanía sobre él y le obliga a guardar sus propios límites, reconociendo que es hombre y no Dios (Ez 28.2; cf. Is 14.13-14).
o 2.17 Cf. Ro 6.23.
19 p 2.19-20 Para los antiguos semitas, el nombre no era algo meramente exterior, sino una parte constitutiva de la persona o cosa nombradas. Poner o cambiar un nombre era una forma de afirmar la autoridad o el dominio (cf. 2 R 23.34; 24.17).
23 q 2.23 En hebreo, las palabras traducidas por hombre y mujer tienen un sonido muy similar. Este parecido, lo mismo que el relato de la formación de la mujer con una costilla sacada del hombre, quiere destacar la unidad de naturaleza, la íntima afinidad entre ambos sexos y, por tanto, la igualdad esencial de derechos.
24 r 2.24 Mt 19.5; Mc 10.7-8; 1 Co 6.16; Ef 5.31. Este v. pone de relieve la dignidad y el sentido profundo de la unión matrimonial.
25 s 2.25 La desnudez es aquí la expresión de una vida sencilla, sin sentimiento de culpa y en perfecta armonía consigo mismo y con el prójimo. Después, como consecuencia del pecado, llegó a ser motivo de vergüenza. Cf. Ez 16.37; Os 2.3.
3
a 3.1 En el Oriente antiguo, la serpiente era un símbolo de la sabiduría y de los poderes mágicos. Además, su astucia era proverbial (cf. Mt 10.16). Estas características la predisponían para hacer de ella la representación de una potencia maléfica y opuesta a los planes de Dios, que se vale de la seducción para incitar a desobedecer el mandato divino. Por eso, más tarde la serpiente fue identificada con el diablo. Cf. Sab 2.24; Jn 8.44; Ap 12.9; 20.2.
b 3.1 Más astuta: Esta expresión tiene aquí un sentido negativo. Se trata de una astucia maligna, que incluye engaño y fraude.
c 3.1-6 Cf. Sab 2.24; Ro 5.12.
d 3.7 Se dieron cuenta... desnudos: Véase Gn 2.25 n.
e 3.9 ¿Dónde estás?: Véase Gn 4.9 n.
13 f 3.13 Cf. 2 Co 11.3; 1 Ti 2.14.
15 g 3.15 Cf. Ro 16.20; Ap 12.17. La tradición cristiana ha visto en esta mención de la descendencia de la mujer una velada referencia al Mesías en su lucha contra Satanás y en su victoria final sobre Las fuerzas del mal.
17 h 3.17 El pecado del hombre atrae la maldición sobre la tierra, que es su morada y de la que recibe el sustento. Véase Gn 12.2-3 n.
i 3.17 Con duro trabajo: Véase Gn 2.15 n.
18 j 3.17-18 Cf. Ro 8.20; Heb 6.8.
20 k 3.20 En hebreo, el nombre Eva y la palabra que significa vida o viviente tienen un sonido semejante.
21 l 3.21 Nótese la compasión manifestada en este gesto. A pesar del pecado, el modo de actuar de Dios incluye también el perdón y la promesa de salvación. Véase un gesto similar en Gn 4.15 nota o.
22 m 3.22 Árbol de la vida: Cf. Ap 22.14.
24 n 3.24 Estos seres alados, lit. querubines, eran considerados en el antiguo Oriente como guardianes de los templos y de los lugares sagrados. Véase Ex 25.18 n.
ñ 3.24 La imposibilidad de llegar al árbol de la vida hace efectivo el castigo anunciado en Gn 2.17. El destino original del hombre era la vida; pero al desobedecer el mandato divino, se apartó de Dios, fuente de toda vida, y junto con el pecado entró la muerte en el mundo (Ro 5.12).
4
a 4.1-16 Este relato continúa el ciclo iniciado en el cap. anterior. La rebelión del hombre contra Dios (Gn 3.6) nunca es un hecho aislado. A ella le siguen inevitablemente el pecado y la violencia del hombre contra su hermano. Véase Jer 9.4 n.
b 4.1 El nombre Caín y el verbo hebreo que significa llegar a tener suenan muy parecidos.
c 4.2 Los diferentes modos de vida de los pastores y los agricultores suelen ser causa de numerosos conflictos (cf. Jue 6.3-6). Pero el crimen de Caín no está motivado por el hecho de que Abel era pastor, sino por la aceptación y la no aceptación de las ofrendas presentadas al Señor (cf. v. 5).
d 4.4-5 Este relato bíblico no aclara el porqué de esta aceptación y de este rechazo. Según algunos intérpretes, el rechazo se debe a que el suelo estaba todavía bajo la maldición divina (cf. Gn 3.17). De todas maneras, Dios, en su absoluta soberanía, tiene libertad para escoger a quien él quiere (cf. Ex 33.19; Dt 7.7-8; Ro 9.15). En Heb 11.4 se afirma que fue la fe de Abel la que hizo agradable su ofrenda.
e 4.7 Podrías levantar la cara: otra posible traducción: serías aceptado.
f 4.7 El pecado aparece aquí como una fiera al acecho y dispuesta a atacar. Cf. 1 P 5.8.
g 4.7 Tú puedes dominarlo a él: Una vez más, el relato bíblico afirma la capacidad del hombre para elegir libre y responsablemente entre el bien y el mal (véase Gn 2.17 nota ñ; cf. también Dt 30.15-20 ; Eclo 15.11-20 ). Nótese, además, la correspondencia entre la advertencia que el Señor dirige a Caín y el mandamiento impuesto al primer hombre (Gn 2.16-17). Según el relato anterior, la orden divina fue quebrantada por un acto de desobediencia; según este relato, por una acción criminal. En uno y otro caso, después del pecado hay una pregunta del Señor al hombre (Gn 3.9; 4.9), un castigo por la falta cometida (3.14-19; 4.11-12) y un gesto misericordioso del Señor que alivia en parte el castigo (Gn 3.21; 4.15).
h 4.8 A dar un paseo: según versiones antiguas. La frase no se encuentra en el texto hebreo.
j 4.9 ¿Dónde está tu hermano Abel?: Hay un evidente paralelismo entre esta pregunta y la de Gn 3.9. En ambos casos, los interrogados tratan de eludir su propia responsabilidad con una evasiva. Véase Ex 32.22-24 n.
10 k 4.10 Compárese esta pregunta con la de Gn 3.13.
l 4.10 La sangre: lit. las sangres; véase Sal 9.12 n. Acerca del clamor de la sangre derramada injustamente, cf. Ez 24.7-8.
13 n 4.13 Caín no expresa arrepentimiento; comprueba, simplemente, que su crimen lo ha separado de Dios y de los hombres, y se lamenta de encontrarse en una situación de completa inseguridad, sin asilo ni protección.
15 ñ 4.15 Siete veces: Véase Gn 4.23-24 n.
o 4.15 El texto no indica en qué consistía la señal o marca que el Señor puso a Caín. Lo cierto es que esa señal colocaba al culpable bajo la protección de Dios y le preservaba la vida (cf. Ez 9.4-6). Véase Gn 3.21 n.
16 p 4.16 Nod: región no identificada; quizá se trata de un nombre simbólico, que alude a la vida errante de Caín ( nad, en hebreo, significa vagabundo; cf. vs. 12,14).
17 q 4.17-24 Estas listas genealógicas desempeñan un papel muy importante en la primera parte del Génesis, porque establecen un nexo entre los orígenes de la humanidad (Gn 1–11) y la historia de los patriarcas (Gn 12–50). Así se pone de manifiesto que la revelación de Dios a Abraham y, después de él, a Israel, un pueblo particular, forma parte de un plan divino de salvación que abarca a todas las naciones (véase Gn 11.10-26 n.). Cf. Gn 12.4; 26.4; 28.14.
r 4.17 Fundó una ciudad: En el marco de esta genealogía se dan varias indicaciones acerca de los orígenes de la civilización. A Caín, el primer homicida (cf. Gn 4.8), se le atribuye la fundación de la primera ciudad, y se hace remontar a su descendencia el origen de las artes y las técnicas (cf. vs. 20-22).
18 s 4.18 La primera parte de esta genealogía menciona siete generaciones desde Adán hasta Lámec. Esa cifra tiene, sin duda, un significado simbólico, ya que, tanto en Israel como en el antiguo Oriente, el número siete representaba la perfección y la plenitud. Véanse Gn 4.23-24 n.; Sal 79.12 nota h.
22 t 4.20-22 Varios mitos del antiguo Oriente afirman que fueron los dioses los que enseñaron a los hombres las artes y las artesanías. Según el AT, por el contrario, estas actividades tienen su origen en la inventiva y el trabajo de los seres humanos. Cf. Gn 1.28; Sal 8.3-8; 115.16, y también Job 28.1-10.
24 u 4.23-24 El canto de Lámec expresa la arrogancia del hombre que responde a la mínima ofensa con una venganza desproporcionada. El número setenta y siete (once veces siete, la cifra de la plenitud) indica que se lleva la venganza a su último extremo. Véanse Gn 4.18 n.; Ex 21.23-25 n., y cf. Mt 18.21-22.
25 v 4.25 Adán: Véase Gn 2.7 nota g.
w 4.25 El nombre Set tiene un sonido semejante al del verbo hebreo que significa ha dado.
26 x 4.26 Enós, en hebreo, quiere decir hombre, varón, aunque en algunos contextos significa lo mismo que Adán. Véase Gn 1.27 nota t.
y 4.26 Señor: traducción de Yahvé, el nombre propio del Dios de Israel. Este v. presupone la gran antigüedad de este nombre divino, que ya era conocido antes de Moisés. Véanse Ex 3.13 nota m ; 3.14 nota n ; 6.3 nota b.
5
a 5.1-32 La siguiente genealogía, que une a Adán con Noé, incluye diez nombres. Tal cifra, lo mismo que el número siete de Gn 4.1,17-19, podría tener un significado simbólico, ya que el diez es la base del sistema decimal y suele emplearse, en la Biblia, como un número redondo (cf., por ej., Gn 24.10; Dn 7.7,20,24; Zac 8.23; Ap 2.10; 17.3,7,12,16). Por tanto, puede afirmarse que esta genealogía pone de manifiesto la continuidad de la historia humana desde la creación del hombre hasta el diluvio (cf. Gn 6.9–9.17), sin preteder enumerar en forma exhaustiva todas las generaciones desde Adán hasta Noé.
b 5.1 Lo hizo semejante a Dios mismo: Véase Gn 1.27 nota u.
c 5.2 Citado en Mt 19.4; Mc 10.6.
d 5.1-2 Les dio su bendición: Véase Gn 1.28 nota w.
e 5.3 La siguiente genealogía sigue, por lo general, un esquema uniforme, que proporciona siempre la misma información: edad del patriarca al nacer su hijo primogénito, años que vivió después de este nacimiento y edad que tenía al morir. En ella se vuelven a poner de relieve dos temas esenciales ya expuestos en Gn 1: el hombre creado a imagen de Dios y bendecido en el momento de la creación (Gn 1.27-28).
f 5.3 Set: Cf. Gn 4.25.
g 5.3 Era parecido a él en todo: lit. según su semejanza, a su imagen. Cf. Gn 1.27.
h 5.5 Novecientos treinta años: Algunos intérpretes, queriendo resolver las dificultades de comprensión de cifras tan enormes, piensan que los nombres de estos diez patriarcas representan dinastías y no individuos, o que la palabra año, en este contexto, se refiere a un periodo de tiempo más corto que el normal. Sin embargo, no existe ninguna razón de peso para fundamentar dichas interpretaciones.
21 i 5.21 Aquí vuelve a aparecer el nombre de Henoc, pero no en el mismo orden que en Gn 4.17-18.
22 j 5.22 Henoc vivió de acuerdo con la voluntad de Dios: lit. Henoc caminó con Dios. Esta audaz metáfora sugiere que Henoc tuvo a Dios como compañero de camino, es decir, que vivió en íntima amistad con él. La misma expresión vuelve a encontrarse en el v. 24, y en Gn 6.9 se emplea para caracterizar a Noé como un hombre justo y enteramente fiel a Dios.
23 k 5.21-23 La vida de Henoc dura trescientos sesenta y cinco años, cifra que coincide con los días del año solar. Este detalle hace pensar en una práctica muy difundida en el antiguo Oriente, que consistía en atribuir a los números, además de su valor aritmético, determinados valores simbólicos. Tal simbolismo, desconocido para nosotros, podría estar relacionado con los cálculos astronómicos que se hacían en la antigüedad. Véase Gn 4.18 n.
24 l 5.24 Desapareció porque Dios se lo llevó: En la sección dedicada al patriarca Henoc (vs. 21-24), esta frase sustituye a la fórmula habitual A esa edad murió. Es decir, que Henoc fue sacado de este mundo por una acción especial de Dios, en virtud de la cual la íntima relación de amistad continuó más allá de la vida terrena. Nótese, además, que el texto bíblico no dice nada acerca del lugar adonde fue llevado Henoc, ni confirma las leyendas que se formaron más tarde en torno a la figura de este patriarca, sobre todo en la tradición y en la literatura apocalípticas. Cf. Eclo 44.16; 49.14; Sab 4.10-11; Heb 11.5; Jud 14.
29 m 5.29 El nombre de Noé tiene una cierta semejanza con el verbo hebreo que significa nos hará descansar.
31 n 5.31 Los 777 años que duró la vida de Lámec parecen estar relacionados con el siete y el 77 de Gn 4.24.
6
a 6.2 Los hijos de Dios: es decir, los seres divinos o celestiales como los mencionados en Job 1.6; 2.1; 38.7; Sal 29.1; 89.7. Con toda probabilidad este pasaje recoge una tradición muy antigua, que los israelitas tenían en común con otros pueblos vecinos, y que se refería a una legendaria raza de gigantes. Según esa tradición, aquellos gigantes habían nacido de la unión antinatural de unos seres sobrenaturales, llamados aquí hijos de Dios, con mujeres humanas. Aunque el relato bíblico contiene muchos aspectos oscuros, su intención, en este contexto, es afirmar una vez más la incontenible expansión del pecado en el mundo y la corrupción creciente del género humano. Véanse 1 P 3.20 nota m ; Jud 6 n.
b 6.3 No voy a dejar que el hombre viva para siempre: lit. mi espíritu no permanecerá siempre en el hombre. El espíritu , en este contexto, es el principio vivificante o aliento vital que Dios infunde en los seres vivientes en el momento de darles la vida. Cf. Gn 2.7; Sal 104.29.
14 e 6.14 La descripción presentada en el texto bíblico no evoca la imagen de una embarcación corriente, sino la de una construcción cubierta con un techo (cf. Gn 6.16) y preparada para resistir los embates torrenciales del diluvio (cf. Gn 7.18).
16 f 6.16 La forma y las dimensiones de la embarcación son difíciles de precisar, ya que en la descripción se emplean términos náuticos antiguos, cuyo significado no es del todo claro.
18 g 6.18 Aquí se anticipa el tema del pacto o alianza , cuya conclusión tendrá lugar al término del diluvio. Véase Gn 9.12-17 n.
22 h 6.22 Cf. Heb 11.7.
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a 7.1-24 Como sucede con el relato de la creación (véanse Gn 1.4 n. y 1.21 n.), también existen narraciones del diluvio procedentes de la antigua Mesopotamia. Estos relatos, especialmente la Epopeya de Gilgamés, tienen muchas semejanzas con el texto bíblico. Sin embargo, las diferencias son igualmente significativas. Así, por ej., en los relatos babilónicos el diluvio se origina por un capricho de los dioses; aquí, por el contrario, es el juicio de Dios sobre el pecado de los hombres (cf. Gn 6.5-7,12-13).
b 7.2 Cf. Lv 11; Dt 14.3-21. Puro e impuro son términos característicos del lenguaje sacerdotal y se refieren a la pureza e impureza rituales. Los animales puros debían ser más numerosos que los impuros, porque, de lo contrario, los sacrificios ofrecidos por Noé, una vez terminado el diluvio, habrían acabado con algunas de las especies salvadas de la catástrofe. Véase Gn 8.20 nota h.
11 d 7.11 Acerca de las fuentes del gran mar y de las compuertas del cielo, véase Gn 1.6-8 n.
12 e 7.12 El número cuarenta aparece con frecuencia en la Biblia para indicar un periodo relativamente largo (cf. Gn 50.3; Ex 16.35; 24.18; Nm 13.25). En algunos casos, se refiere a un tiempo de prueba o de grave peligro (cf. Nm 14.34; Dt 8.2-3; Mc 1.13). Véase también Jue 3.11 n.
22 f 7.21-22 2 P 3.6.
8
a 8.1 En el lenguaje bíblico, decir que Dios se acuerda de alguien o de algo significa que le presta atención particular, y no que lo hubiera olvidado. La expresión sugiere la idea de solicitud y cuidado muy especiales. Cf. Ex 6.5; Sal 74.2.
b 8.2 Sobre el concepto de la separación de las aguas, véase Gn 7.11 n.
c 8.4 Ararat: región que los antiguos llamaban Urartu y que corresponde aprox. a la actual Armenia. Véase Jer 51.27 nota m.
d 8.6 Cuarenta días: Véase Gn 7.12 n.
e 8.6 Abrió la ventana: Cf. Gn 6.16.
10 f 8.10 Acerca del simbolismo del número siete, véase Gn 4.18 n.
12 g 8.7-12 En tiempos antiguos, antes de la invención del compás y de otros instrumentos de navegación, los marinos solían enviar aves para determinar la proximidad y la dirección de la costa del mar. En el relato babilónico del diluvio se envían sucesivamente una paloma, una golondrina y un cuervo.
20 h 8.20 Aves y animales puros: Los animales impuros no podían ofrecerse como víctimas de los sacrificios. Cf. Lv 11; Dt 14.3-21.
i 8.20 El holocausto es un sacrificio en el que la víctima se consume totalmente sobre el altar, sin que ninguna de sus partes sea reservada para otros fines (véase Lv 1.3 n.). El contexto indica que Noé ofreció su holocausto como sacrificio de acción de gracias.
21 j 8.21 Cuando... tan agradable: Esta expresión indica que el sacrificio fue aceptable al Señor. Cf. Lv 1.9,13,17; 2.1-2.
k 8.21 Como en Gn 2.7; 3.19, el texto hebreo hace un juego de palabras entre adam ( hombre) y adamá ( tierra).
l 8.21 Solo piensa en hacer lo malo: Cf. Gn 6.5.
22 n 8.22 Este v. invita a apreciar de una manera nueva los fenómenos de la naturaleza. El orden y la regularidad de las estaciones y de los ciclos naturales están fundados en una promesa de Dios, que es fiel a su palabra. Como esa promesa depende exclusivamente de Dios y no puede ser alterada por el pecado de los hombres, los ciclos de la naturaleza son también una prueba de la “paciencia” de Dios (cf. Ro 3.25-26), que hace que su sol salga sobre malos y buenos, y manda la lluvia sobre justos e injustos (Mt 5.45).
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a 9.1 Noé, como padre de la humanidad rescatada del diluvio, recibe una bendición semejante a la que Dios había concedido al género humano en el momento de la creación. Cf. Gn 1.28.
b 9.4 Los antiguos israelitas pensaban que la sangre era el principio vital de los animales y de los seres humanos. Por lo tanto, la prohibición de comer carne sin desangrar era una forma de afirmar que la vida pertenece exclusivamente a Dios, que es el dador de toda vida. En los comienzos de la iglesia, los cristianos provenientes del judaísmo observaron rigurosamente esta prohibición (cf. Hch 15.19-20). Cf. Lv 7.26-27; 17.10-14; 19.26; Dt 12.16,23; 15.23.
c 9.5 Y a cada uno de los hombres... prójimo: Cf. Gn 4.9-12; 2 S 12.9-10.
d 9.6 Cf. Ex 20.13.
f 9.7 Gn 1.28.
11 g 9.8-11 Este pacto o alianza tiene dimensión y alcances cósmicos, ya que abarca a todos los seres vivientes. Por eso, el recordatorio de la alianza (el arco iris, v. 13) ha sido puesto por Dios en el cielo, es decir, en uno de los elementos del cosmos. Además, es una alianza para siempre , que no cambiará (vs. 11-12). Por último, es un compromiso unilateral de Dios, porque él se obliga a sí mismo en virtud de una promesa solemne, sin imponer ninguna obligación a Noé.
15 h 9.15 Me acordaré: Véase Gn 8.1 n.
17 i 9.12-17 Este pacto tiene unaseñal visible, como la circuncisión es el signo o señal del pacto de Dios con Abraham (cf. Gn 17). Esa señal posee el valor de un recordatorio o memorial, ya que ella hace presente a Dios la promesa de no enviar un nuevo diluvio sobre la tierra. Cf. Eclo 44.18.
18 j 9.18 Sem, Cam y Jafet: Cf. Gn 6.10; 10.1. Cam, padre de Canaán: Desde el siglo XVI a.C., el nombre Canaán designa a la población urbana y comerciante de la costa mediterránea. Este pasaje relaciona a Canaán con Cam, que es uno de los nombres de Egipto, porque Egipto dominó la región costera desde el siglo XVI hasta el siglo XII a.C.
27 k 9.25-27 Aquí se confirma la sumisión de Canaán a Sem, el antepasado de los pueblos semitas (cf. Gn 11.10-32) y, por lo tanto, también del pueblo de Israel. Nótese que Canaán no puede ser identificado con las poblaciones de raza negra (véase Gn 9.18 n.).
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a 10.1-32 Este cap. se designa habitualmente con el nombre de “Tabla de los pueblos”. En él, los principales pueblos conocidos por los antiguos israelitas aparecen distribuidos en tres grandes grupos –los descendientes de Jafet (vs. 2-5), de Cam (vs. 6-20) y de Sem (vs. 21-31)–, cada uno de los cuales reúne naciones emparentadas entre sí por razones históricas o geográficas. De este modo, la multitud de naciones distribuidas sobre la tierra aparece como el cumplimiento de la bendición que Dios concedió a la humanidad surgida después del diluvio (cf. Gn 9.1). Además, el hecho de agrupar a todos los pueblos en un árbol genealógico pone de relieve la unidad del género humano y sitúa a Israel, el pueblo elegido, en relación con la humanidad entera.
b 10.1 Sem, Cam y Jafet: Gn 5.32; 6.10; 7.13; 9.18.
c 10.2 Hijos de Jafet: Esta expresión designa a los pueblos situados al norte y al nordeste del territorio ocupado por los semitas. Téngase en cuenta, asimismo, que la expresión hijo de X, en hebreo, no designa solamente la filiación en sentido estricto, sino también la pertenencia a un grupo o a una categoría.
d 10.2 Este v. menciona a los cimerios ( Gómer), de la región del Cáucaso, a los lidios ( Magog), de Asia Menor, a los medos ( Madai), de la región montañosa al noroeste de Irán, a los griegos de Jonia ( Javán), en la costa occidental de Asia Menor, y a pueblos que habitaban en la región del mar Negro ( Tubal y Mésec). Tirás es probablemente el nombre bíblico de los tirsenios o tirrenos, piratas del mar Egeo y antepasados de los etruscos.
e 10.3 Asquenaz: los escitas, que desde las costas del mar Negro se expandieron por varias regiones de Asia Menor y del Cercano Oriente. Rifat: pueblo aún no identificado. Togarmá: al oeste de Armenia.
f 10.4 Elisá: en la costa oriental de la isla de Chipre (cf. Ez 27.7). Tarsis: Cf. Sal 48.7. Quitim: la isla de Chipre y otras islas y costas del Mediterráneo oriental (cf. Ez 27.6). Rodanim: según varios mss. y 1 Cr 1.7. Heb. Dodanim. El nombre Rodanim designa a los habitantes de la isla de Rodas, en el mar Egeo.
g 10.5 Estos fueron los descendientes de Jafet: Esta frase no aparece en el texto hebreo, pero cf. vs. 20,31.
h 10.6 Los hijos de Cam: es decir, los pueblos situados al sur de Palestina y del territorio habitado por los hijos de Sem.
i 10.6 Cus, Misraim, Fut: Etiopía, Egipto y el territorio de la costa africana al sur del mar Rojo. Canaán se menciona en este lugar porque estuvo mucho tiempo bajo el dominio de Egipto. Véase Gn 9.18 n.
j 10.7 Sebá: Véase Sal 72.10 n. Havilá: región de Arabia. Sabtá, Raamá y Sabtecá: al sur de Arabia, en dirección al Yemen. Dedán: al noroeste de Arabia.
k 10.8 Esta vez, el nombre de Cus (cf. v. 6) aparece asociado a las grandes ciudades de Mesopotamia y, sobre todo, de Asiria, el país de Nimrod (Miq 5.6).
l 10.9 De la leyenda de Nimrod lo único que se conoce es el dicho popular recogido en este pasaje.
10 m 10.10 Calné: lugar no identificado. El texto hebreo también podría traducirse y Acad, todas ellas en la región de Sinar.
n 10.10 Sinar: Véase Gn 11.2 n.
11 ñ 10.11 Asur: es decir, Asiria, cuya capital, a partir del 705 a.C., fue Nínive. Cf. Jon 1.2; Nah 1–3.
13 o 10.13 Ludeos, anameos, lehabitas y naftuhitas: Probablemente se trata de habitantes de la región comprendida entre Jerusalén y las colinas de Guézer (cf. Jos 10.33; 12.12), ciudad que el faraón de Egipto entregó como dote cuando una de sus hijas se casó con Salomón (cf. 1 R 9.16). Es posible que en esa región haya habido colonias egipcias.
14 p 10.14 Patruseos: es decir, habitantes de Patrós, en el alto Egipto, al sur de Menfis. Cf. Is 11.11; Jer 44.1,15. Acerca de los filisteos , véanse Jos 13.3 n.; Jer 47.4 nota e.
15 q 10.15 Canaán: Véase Gn 9.18 n. Sidón: Véase Jos 11.8 n. Het: el antepasado de los hititas. Cf. Gn 15.20; 23.3, y véase Jos 1.4 n.
18 r 10.16-18 Estos vv. ofrecen una lista de los habitantes de Canaán antes del establecimiento de los israelitas en dicho territorio. Véase Gn 15.19-21 n. Algunos de los nombres mencionados aparecen solamente en este lugar.
19 s 10.19 Guerar: Cf. Gn 20.1. Gaza: ciudad filistea, al sudeste de Palestina. Véase Jos 11.22 nota n. Sodoma, Gomorra, Admá y Seboím: al sudeste y sudoeste del Mar Muerto. Lesa: lugar no identificado.
21 t 10.21 A pesar de ser primogénito de Noé (cf. Gn 5.32), se menciona a Sem en último lugar para destacar su importancia. De esta familia va a surgir el pueblo elegido por Dios para llevar a cabo su designio de salvación sobre la humanidad entera. Véanse Gn 11.10-26 n.; 12.1 nota a.
u 10.21 Éber: el antepasado de los hebreos (cf. Gn 11.16).
22 v 10.22 Elam: Véase Gn 14.1 n. Asur: Cf. Gn 10.11-12. Arfaxad: probablemente los hurritas de la alta Mesopotamia, al este del Tigris. Lud: la región de Lidia, en Asia Menor. Aram: el conjunto de tribus arameas que habitaban en Siria y en las riberas del Éufrates.
23 w 10.23 De los nombres que aquí se mencionan solo se ha identificado el de Us, la patria de Job, en la frontera de Edom y Arabia (cf. Job 1.1).
25 x 10.25 Como Péleg significa, en hebreo, división, aquí hay un juego de palabras con el verbo dividir. Probablemente se establece una división entre los semitas del norte ( Péleg) y los del sur ( Joctán).
30 y 10.26-30 Los nombres de los trece hijos de Joctán corresponden a tribus o lugares de Arabia. Ofir (v. 29) era probablemente un puerto comercial, frecuentemente mencionado en el AT. Véase 1 R 9.28 n.
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a 11.1-9 La diversificación de las lenguas y la dispersión de los pueblos se presentan en este relato desde otro punto de vista. Ya no se trata, como en el cap. anterior, de algo bendecido por Dios, sino de un castigo impuesto al orgullo de los hombres.
b 11.2 Sinar es el nombre bíblico de la vasta llanura comprendida entre los ríos Éufrates y Tigris, designada con el nombre de Mesopotamia. El v. 9 localiza este episodio en Babilonia, la ciudad más renombrada de aquella región. Cf. Gn 10.10; 14.1.
c 11.3 El ladrillo y el asfalto o betún eran los materiales de construcción típicos de Mesopotamia, donde no había piedra para construir, como la había en Palestina.
d 11.4 Las ciudades de Mesopotamia tenían un templo con una torre escalonada, a la que se le daba el nombre de zigurat. Estas torres estaban construidas en forma de pirámide y su parte más alta era considerada como el lazo de unión entre el cielo y la tierra. El zigurat de Babilonia medía 90 m. de lado y más de 90 m. de alto, y constaba de siete cuerpos o niveles superpuestos. En el presente relato no se presenta como un templo o un símbolo religioso, sino más bien como expresión de la soberbia humana, que se propone construir una civilización para la gloria del hombre, sin tener en cuenta a Dios (Is 14.13-14; cf. Gn 3.6; Ez 28.2).
e 11.4 Que llegue hasta el cielo: expresión característica de un proyecto desmesurado, que pretende traspasar todos los límites (Is 14.13-14; cf. Gn 3.6; Ez 28.2).
f 11.9 Babel: es decir, Babilonia. La tradición babilónica atribuía al nombre de esta ciudad el significado de Puerta de Dios o Puerta de los dioses. El relato bíblico, no sin ironía, lo asocia, en cambio, con el verbo hebreo balal, que significa confundir. Según Hch 2.8-11, con el derramamiento del Espíritu Santo en Pentecostés comienza la reunificación de la humanidad dispersada en Babel.
10 g 11.10-26 Aquí y en los vs. 27-32 se van eliminando de las genealogías las ramas laterales, para dirigir la atención hacia los pueblos semitas y, más concretamente, hacia el linaje de Abraham, elegido por Dios para bendecir a todas las familias del mundo (Gn 12.1-3).
27 h 11.27 Abram: Véase Gn 17.5 nota d.
28 i 11.28 Ur: Se trata, muy probablemente, de una de las ciudades más antiguas al sur de Mesopotamia, cerca de la desembocadura del Éufrates en el golfo Pérsico. En la Biblia se la llama Ur de los caldeos (v. 31), porque varios siglos después de Abraham, entre los años 600 y 539 a.C., estuvo bajo el dominio de los caldeos , pueblo semita que hablaba un dialecto arameo. La luna era el principal dios de la ciudad.
30 j 11.30 Sarai: Véase Gn 17.15 n.
31 k 11.31 Harán: ciudad de la alta Mesopotamia, donde, lo mismo que en Ur, se rendía culto al dios de la luna. En esta región se encontraban algunas tribus arameas emparentadas con Abraham. Cf. Gn 24.
l 11.31 La familia de Térah emprende una migración que va a cubrir toda la región conocida con el nombre de la Media Luna fértil: desde Ur de los caldeos hasta el Négueb y Egipto (Gn 12.9-10), pasando por Harán, en la alta Mesopotamia. El texto bíblico no dice por qué Térah decidió abandonar la ciudad de Ur ni por qué se detuvo en Harán. La partida de Abraham, por el contrario, está determinada por una expresa orden del Señor (cf. Gn 12.1-3).

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-ltima actualización del programa: 17/12/2009
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