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Génesis 1.1-2.4a

Génesis :1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33 34 35 36 37 38 39 40 41 42 43 44 45 46 47 48 49 50

1
a 1.1 Creó: heb. bará. En el AT, este verbo tiene por sujeto únicamente a Dios, y se refiere siempre a una acción divina que produce, en particular, un resultado nuevo e imprevisible (Is 48.6-7; Jer 31.22). Se emplea para designar la creación del mundo y de la humanidad (Gn 1.27; 5.1; Dt 4.32; Is 45.12), la formación del pueblo de Israel (Is 43.1,15), la restauración de Jerusalén (Is 65.18), la renovación interior del pecador arrepentido y perdonado (Sal 51.10) y la creación, al fin de los tiempos, de un cielo nuevo y una tierra nueva (Is 65.17; 66.22).
b 1.1 Los antiguos hebreos no poseían un término equivalente al gr. cosmos. El universo en su totalidad era designado con la expresión el cielo y la tierra (cf. Gn 14.22; Sal 124.8; Mt 28.18). En el uso de esta expresión se refleja la costumbre semítica de abarcar una totalidad mencionando dos elementos extremos u opuestos (cf. Gn 2.9).
c 1.2 Todo era un mar profundo: Según una idea muy difundida entre los pueblos del antiguo Oriente, las aguas amenazantes del caos primitivo lo cubrían todo antes de la creación (cf. Sal 104.6-9). Por lo tanto, una de las primeras acciones del Creador consistió en separar las aguas de arriba y las de abajo, poniendo como línea divisoria la bóveda celeste (v. 7). De acuerdo con los vs. 5-9, de este caos primitivo se formaron los mares, tanto los que están sobre la superficie de la tierra como los que están debajo de ella. Véase Sal 18.15 n.; cf. también Sal 24.2.
d 1.2 La palabra hebrea traducida por espíritu puede significar también viento, soplo o aliento. Además, la expresión de Dios se utiliza a veces en el AT como complemento para expresar el superlativo (cf. Gn 10.9, donde gran cazador es lit. cazador de Dios). Por eso, algunos intérpretes consideran que la parte final de este v. significa un fuerte viento iba y venía sobre las aguas. Véase también Gn 13.10 nota b.
e 1.3 Dios dijo: Esta frase, corroborada por la frase complementaria Y así fue (cf. vs. 6,9,11, etc.), pone de relieve el poder creador de la palabra de Dios. La orden divina se cumple de forma inmediata, y el efecto producido coincide con el pensamiento y la voluntad del Creador (cf. Sal 33.6-9; 148.5; Is 48.13; 55.10-11; Heb 11.3).
h 1.4 Este relato de la creación insiste en afirmar que la obra realizada por Dios es buena (vs. 4,10,12,18,21,25,31). El adjetivo bueno tiene en el AT varios significados, que comprenden desde lo moralmente correcto hasta lo bello, agradable y útil. Todos estos aspectos están aquí presentes, pero el que más se destaca es probablemente el de apropiado. Todo lo que existe es bueno, porque procede de Dios y corresponde a su propósito. Esta idea está en abierto contraste con los mitos paganos que hablan de un mundo creado por dioses caprichosos, o de un universo que existe sin propósito alguno o tiene incluso un carácter maligno. Cf. Sab 11.24-25.
i 1.5 Se completó: lit. y anocheció y amaneció. Véanse Sal 55.17 n.; 104.19 n.
j 1.5 El primer día: El relato bíblico distribuye las acciones creadoras de Dios en el marco de una semana, con sus seis días de trabajo y el séptimo de descanso. En esos seis días están repartidas ocho obras: las cuatro primeras consisten en separar y delimitar las zonas o regiones que configuran el mundo visible; las cuatro restantes están destinadas a poblar esas regiones con seres dotados de movimiento.
k 1.6 Y así fue: según la versión griega (LXX) y la estructura literaria del relato (cf. Gn 1.9,11, etc.). En el texto hebreo la frase aparece al final del v. 7.
l 1.6-8 La palabra hebrea traducida por bóveda designa algo sólido y resistente, como una lámina de metal batido a golpes de martillo. Esta idea está de acuerdo con la visión del mundo que se tenía antiguamente, según la cual el universo era una estructura compuesta de tres niveles: el cielo, la tierra y el mundo subterráneo (cf. Ex 20.4). A la tierra se la imaginaba como una superficie plana; el cielo era concebido como una bóveda, cúpula sólida o “firmamento” (cf. Job 37.18), sobre la que se apoyaba el inmenso depósito de agua u océano superior del que procedían las lluvias (cf. Gn 7.11; Sal 148.4; Is 40.22); y en el mundo subterráneo había un océano inmenso, sobre el que se asentaban los pilares que sostenían la tierra (véase Gn 1.2 nota c ; cf. también Sal 24.2; 104.5; 136.6).
m 1.9 Cf. Job 38.8-11; Sal 104.6-9; Pr 8.27-30; Jer 5.22. El agua... debajo del cielo: Véanse Gn 1.2 nota c ; 1.6-8 n.
11 n 1.11 Produzca la tierra: Dios ha concedido a algunos seres el don de la fecundidad, para que ellos continúen y completen la obra del Creador. Cf. vs. 20,24. Nótese que para los antiguos orientales la fecundidad era objeto de culto, porque la consideraban como una fuerza divina que residía en algunos seres (p. ej., en la tierra). Para el AT, en cambio, la fecundidad es una bendición otorgada por Dios. Véase Gn 1.28 nota w.
14 ñ 1.14-15 Las fechas especiales: lit. los tiempos señalados, es decir, las estaciones del año y las fiestas religiosas correspondientes. Cf. Sal 81.3.
18 o 1.14-18 Los astros, que en las religiones del antiguo Oriente eran adorados como dioses, aquí son presentados como seres creados por Dios y no como fuerzas misteriosas que rigen el destino de las personas o como objetos de culto (cf. Dt 4.19; Sof 1.5). Cf. también Sal 8.3; Jer 31.35 ; Eclo 43.1-10 .
20 p 1.20 Y así fue: según la versión griega (LXX). En el texto hebreo no aparece esta frase.
21 q 1.21 Los monstruos del mar son mencionados para indicar que también ellos han sido creados por Dios y están bajo su dominio. Aquí radica una de las principales diferencias entre este relato y el más famoso de los mitos babilónicos de la creación. Según este último, la creación del mundo estuvo precedida por el nacimiento de varias generaciones de dioses y por la victoria del dios Marduc sobre el monstruo marino que era la personificación del caos originario. En contraposición con este relato mitológico, el Génesis habla de un único Dios, que existe desde siempre y que por sí mismo crea el universo con el poder de su palabra. Como todo lo que existe ha sido creado por Dios, ya no queda lugar para adorar a los fenómenos de la naturaleza o a cualquier otro ser animado o inanimado.
26 r 1.26 Semejante a nosotros: Este plural, pronunciado por el único Dios, ha sido interpretado de diversas maneras. En realidad, parece sugerir la idea de una especial deliberación del Creador en el momento de crear el género humano. De entre todas las obras de Dios, solo la creación del hombre es precedida por esta referencia a una solemne decisión divina.
27 t 1.27 Hombre: heb. adam, designa aquí a todo el género humano; en otros pasajes, este mismo término tiene el valor de un nombre propio (Adán). Cf. Gn 4.25.
u 1.27 Lo creó semejante a Dios mismo: Los seres humanos no so únicamente una creación especial de Dios (véase Gn 2.7 nota h), sino que han sido creados a su imagen, es decir, están dotados de características tales que les permiten entrar en una relación personal o diálogo con Dios y ejercer como representantes suyos el gobierno del mundo (v. 28). Cf. Gn 5.1; 9.6; 1 Co 11.7; Stg 3.9.
v 1.27 Hombre y mujer: El texto señala que el ser sexuado pertenece, por voluntad de Dios, a la condición humana. Cf. Mt 19.4; Mc 10.6.
28 w 1.28 Gn 5.1-2. La bendición divina, en el AT, aparece vinculada con frecuencia al don de la fecundidad. Cf. Gn 17.16,20; 22.17; 26.12,24; 28.3. Véanse también Gn 49.22-26 n.; Sal 128 n.
x 1.28 Que se arrastran: otra posible traducción: que se mueven, en referencia a todos los seres terrestres.
30 y 1.29 Según algunos mitos muy difundidos en el antiguo Oriente, los dioses crearon al hombre para que les proporcionara alimento y realizara los trabajos serviles que ellos necesitaban para su bienestar. Aquí, en cambio, Dios es el que proporciona todo lo necesario para el bienestar de los seres humanos, ya que él no padece ninguna necesidad. Cf. Sal 50.9-13.
31 z 1.31 Todo... estaba muy bien: Este superlativo se refiere, probablemente, no a una obra de Dios en particular, sino al conjunto de la creación. Véase 1.4 n.
2
a 2.2 Descansó: El verbo hebreo significa lit. cesar o terminar, y de él proviene el nombre shabat, traducido al castellano por sábado o día de reposo (cf. Ex 20.11; 31.17; cf. Heb 4.4,10). Decir que Dios descansó no quiere decir que dejó de actuar, sino que dio por bien lograda su obra. Véase Jn 15.17-18 n.
b 2.3 Séptimo día: Esta expresión presupone el simbolismo del número siete, que en la Biblia representa lo completo y perfecto. Véase Gn 4.18 n.
c 2.4 Se repiten las palabras de Gn 1.1 para indicar que ha concluido la sección relativa a la creación del universo. Esta es la historia: en heb. toledot. Esta frase se repite diez veces e introduce las distintas secciones en que se divide el libro del Génesis. La palabra toledot implica la idea de nacimiento o generación , y en esta versión se ha traducido de distintas maneras, según los contextos: Gn 5.1 (lista); 6.9 (historia); 10.1; 11.10,27 (descendientes); 25.12 (hijos); 25.19 (historia); 36.1,9 (descendientes); 37.2 (historia).
d 2.4b-25 El siguiente relato, a diferencia de Gn 1.1–2.4a, se refiere de un modo especial a la creación del hombre y de la mujer. Uno y otra son creados por Dios en momentos distintos, pero esta diferencia hace resaltar más aún la igualdad y la complementariedad de los dos sexos. Según el relato, en efecto, Dios concedió primero al hombre la compañía de los aimales (v. 19). Sin embargo, esta compañía no logró arrancarlo de su soledad (v. 20). Solo la presencia de la mujer, es decir, de un ser igual a él, le abrió la posibilidad del diálogo y del encuentro personal (v. 23).
e 2.4 El Señor: traducción de Yahvé, el nombre propio del Dios de Israel. Véanse Gn 4.26 nota y; Ex 3.14-15 y las notas correspondientes.

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-ltima actualización del programa: 17/12/2009
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